Mostrando entradas con la etiqueta Evolución personal. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Evolución personal. Mostrar todas las entradas

sábado, 24 de octubre de 2015

Cuando nos cambiaron la frecuencia 432 Hz a 440 Hz.


¿CUÁNDO NOS CAMBIARON LA FRECUENCIA DE 432Hz a 440Hz Y POR QUÉ? 

Un ministro de propaganda nazi llamado Joseph Goebels creó un decreto universal en 1939 por el cuál se instaba a todo el mundo a afinar el LA musical a 440 Hertzios, en lugar de a 432 Hz, frecuencia a la que se afinaba toda la música hasta el momento. Desde 1939 hasta hoy en día se ha entonado a esa frecuencia.Esto provoca en la gente pensar y sentir de una manera determinada y se la mantiene sumida en un desorden interno. En 1953 el decreto de Goebels fue aprobado por parte de la Organización Internacional de Normalización (ISO).

Esto ocurrió a pesar de los esfuerzos de un gran número de músicos franceses que apoyados por el Conservatorio de París, organizaron un referéndum para preservar el LA afinado a 432 Hz.

Añadir leyenda
El LA afinado a 432hz ha estado oculto al mundo por ser el punto de balance sónico de la naturaleza.“432 Hz vibra en los principios de la media de oro PHI y unifica las propiedades de la luz, tiempo, espacio, materia, gravedad y el magnetismo con la biología, el código del ADN y la conciencia.

La afinación natural a 432 Hz tiene efectos profundos en la consciencia y también en el nivel celular de nuestro cuerpo.
“Por la re-sintonización de instrumentos musicales y el uso de la afinación de concierto a 432 hertzios en vez de 440 hertzios, tus átomos y el ADN empiezan a resonar en armonía con la espiral de 
PHI de la Naturaleza.” (Brian T. Collins)


Toda la música que escuchamos en este momento, genera una frecuencia inarmónica con el planeta y con el organismo humano.

Una nota hace 12 armónicos, porque pone en resonancia las 12 notas de la escala musical (con medios tonos y sostenidos). Las notas hacen 12 armónicos,  cuando se toca una nota afinada a un LA afinado a 432 Hz. Cuando uno toca en un LA afinado a 440 Hz, sólo se hacen 8 armónicos. La música afinada a 440 Hz es música muy pobre.
La frecuencia del planeta Tierra es de 8 Hz. Las ondas alfa, la frecuencia del cerebro en estado de relajación profunda, son ondas a 8 Hz. Afinar a 440, hace que la base no sea 8, sino 8’25, lo cual significa que los armónicos que generan  no son armónicos con el planeta.

El Ser Humano funciona en un rango de frecuencia que va de 16 a 32 Hertzios, lo que equivale en la escala musical, del do al do, o sea, una octava. Afinar a 440 Hz tampoco es armónico con la frecuencia del Ser Humano porque la base es 16,5.



La primera alteración física que podemos notar cuándo llevamos un rato escuchando música, es cansancio, fatiga, ganas de no hacer nada, y esto sucede porque los armónicos de la música no encajan con la frecuencia vibratoria del ser humano.

La frecuencia en la que nos mete la música afinada a 440 Hz nos hace sentir inseguridad, miedo, angustia y desorden interno.
Durante muchos años ha interesado que la Humanidad esté sumida en la oscuridad.Si la música no está en armonía con el planeta, no está en armonía con el Ser humano y cómo consecuencia se producen alteraciones en ambos.

Para evitar que esto continúe sucediendo, deberíamos afinar la música a 432 Hz. Y podemos hacerlo pasando toda nuestra música al ordenador, y utilizar un programa que permita bajar la frecuencia.  Las interpretaciones sonarán un poco más lentas, pero es casi imperceptible. Hay programas de ordenador que  sirven para manejar, editar y grabar música. Por ejemplo el de Mac, Garage Band.

Esta música después se debe pasar a DVD en lugar de en CD, porque los CD’s no tienen capacidad de manejar 12 armónicos, sólo manejan 8 armónicos, y no serviría de nada porque estaríamos recortando 4 armónicos.

La música grabada en CD es cortante, dura, fría, en cambio grabada en DVD es más cálida porque permite grabar con los 12 armónicos.

Luz para todos.
Fuente Original: Narom - www.narom.org 

domingo, 12 de julio de 2015

Las fases de la alquimia Personal

Las fases de la alquimia personal


Autor: David Topi.                                                               
Descargar PDF:
 http://www.4shared.com/office/--GAHYhtce/Las_fases_de_la_alquimia_perso.html

Audio:

El trabajo o proceso alquímico del que habíamos hablado en el artículo anterior se hace en tres fases principales, que, como ya hemos comentado, se explican y enseñan de forma alegórica y metafórica a aquellos que desean aprender “la gran obra”, como la alquímia ha sido siempre llamada.
Ennegrecimiento
La primera de esas fases del proceso alquímico por la que todo aspirante a conseguir “oro” (una conciencia pura e iluminada) tenia que empezar, es llamada “Nigredo” (en latín), que viene a traducirse algo así como “ennegrecimiento”. Se trata del estado inicial del proceso, en el que aquello a ser transformado (el ser humano) se considera en un estado de corrupción, disolución, individualización e incluso putrefacción. Representa lo que hace muchos meses os expliqué sobre la noche oscura del alma, sobre el descenso a las profundidades de cada uno de nosotros, sobre el trabajo con aquello que llamamos “la sombra”.  El elemento que caracteriza el estado de ese alma en esta primera fase es la Sal, porque es un componente que refleja perfectamente las características de cristalización, fijación, y dureza, resistente al cambio, que posee todo hombre cuando no ha iniciado ningún trabajo sobre si mismo. Posiblemente sea este el estado en el que se encuentra una gran parte de la humanidad en estos momentos, hablando a nivel macro y generalizado.
Blanqueamiento
La segunda fase se llama el “Albedo”, o blanqueamiento. Representa el proceso de la purificación espiritual, el quemado de las impurezas de la sal, como analogía de la personalidad (etérico, emocional, mental) y alma (causal) sin trabajar, y cuyo resultado produce un ser humano “fluido”, representado en los libros de alquimia por el mercurio, un metal líquido, en quien se están dando cambios rápidos a nivel mental, emocional, etérico y físico (incluso llegando de cambios energéticos a nivel de ADN). En esta fase, se potencia la parte intuitiva y femenina, la imaginación, la creatividad, siendo el primer paso hacia la creación (o despertar) del elixir de la vida y de la piedra filosofal (la esencia o ser interior). Es el proceso que, a nivel de toda la humanidad, cuando se produzca de forma masiva,  llevará a la apertura de mentes, a la masa crítica necesaria para el cambio, a aceptar y comprender la realidad del mundo en el que se vive, a mirar hacia dentro para buscar todas las respuestas, y no más hacia el exterior. La intuición, la confianza en el poder y potencial de cada uno, se va abriendo paso, y se van viendo chispas de la conexión con la piedra filosofal, que pugna por ser encontrada en el interior de cada persona.
Es el proceso de “despertar”, cuando reconocemos que las cosas no son como nos las han contado, y cuando nace el deseo de aprender de “verdad” y dejar ir todos los antiguos y rígidos sistemas de creencias milenarios con los que nos han programado. Es por eso que el “blanqueamiento” representa la “quema”, el llevar a la hoguera todo lo que no está alineado con una conciencia superior que viene dictada por  la conexión y enseñanzas de nuestro ser.
Enrojecimiento
La tercera y última fase es llamada “Rubedo” o enrojecimiento, y consiste finalmente en la transmutación en oro de la sal, la piedra y plomo inicial (diferentes facetas del hombre “rudo”, “basto”, “sin trabajar ni pulir”), que ha pasado a ser mercurio, luego otros metales intermedios, y ahora es finalmente oro, representando la pureza de la conciencia, del alma y del ser, y el hallazgo del elixir de la vida, la piedra filosofal, muchas veces representada en color rojo, que simboliza la unificación del hombre (lo limitado y finito, el microcosmos) con la Fuente (lo ilimitado e infinito, el macrocosmos). Es la fase del ser que “entra” a tomar posesión de su vehículo físico y de la conciencia que lo dirige.
Ceremonias iniciáticas alquímicas
“La Ceremonia por la cual vais a pasar de inmediato, tiende a haceros vivir, mediante
su simbolismo, únicamente esotérico, el desarrollo post-mortem, de la separación de
los elementos que constituyen vuestro ser…”
“Aurum Nostrum non est Aurum Vulgi”
Desde tiempos remotos, siguiendo este proceso alquímico que hemos visto, existían en muchas escuelas iniciáticas, ya desde el antiguo Egipto, ceremonias que estaban destinadas a simbolizar el paso del hombre por las diferentes fases de la transmutación interior.
A aquel que iba a ser iniciado, se le reconocía como la piedra o el plomo, la materia prima sobre la que había que trabajar. Primero, en la fase de Nigredo, el aspirante empezaba la ceremonia en un cuarto oscuro, el cuarto de reflexión, representación del plano terrenal y material. En esta habitación podía ver o intuir los símbolos asociados a esta fase: el azufre, las piedras, la sal, las siglas V.I.T.R.I.O.L, que significaban VISITA INTERIORA TERRA RECTIFICANDO INVENIES OCCULTUM LAPIDEM” – visite el interior de la tierra y rectificando encontrará la piedra oculta, que viene a ser lo mismo que cava en tu propia alma para encontrar la sabiduría que llevas dentro, y donde el aspirante escribía su testamento filosófico, pues si la ceremonia resultaba exitosa, se iba a despedir para siempre de esa parte de si mismo mundana, limitada, “negra”. Realmente esta primera fase simbolizaba la muerte física de la persona, pues como decía Hazrat Inayat Khan, fundador del sufismo universal: “no puede haber renacimiento sin una noche oscura del alma, una aniquilación total de todo lo que creías y pensabas que eras”.
La segunda fase era la llamada prueba del agua, pues era la prueba de la parte emocional, asimilada al paso por el plano astral, y la prueba asociada al “blanqueamiento” del alma, del iniciado. Aquí se confrontaba al neófito a todos sus sentimientos oscuros y crueles, a sus pasiones animales involutivas, a sus vicios, a todas las tendencias inferiores que se habían cristalizado en su naturaleza, a sus miedos y temores, y este los debía ver cara a cara, y purificarlos, debía transmutarlos, dominarlos, y expulsarlos de si mismo. Luego, superada esta etapa, si lo conseguía, venia una intermedia antes de llegar al Enrojecimiento final, y era el paso por la etapa asociada al plano mental, llamada Citrinitas, pues el iniciado que inició su camino “negro”, y luego fue “blanqueado”, ahora empezaba a tomar simbólicamente un tono “amarillento” (su alma y su personalidad). Así, el profano, una vez purificado en sus sentimientos y deseos, debía ahora hacer pleno uso de sus poderes mentales, aprendiendo la dura labor de pensar por si mismo, y dejar de buscar fuera lo que sabe ya que tiene dentro.
Finalmente, el oro
Y cuando el cuerpo físico había muerto y renacido, el cuerpo emocional y de deseos había sido limpiado de miedos, bajas pasiones, emociones negativas, y el cuerpo mental había sido renovado y toda la programación, creencias, ideas falsas y “basura” mental había sido limpiada, llegaba entonces la última parte, cuando la “piedra” o el “plomo”, el ser humano,  adquiría el legendario tono rojizo que denotaba que había encontrado la Piedra Filosofal, el Lapis Philosophorum. El hombre encontró a su ser, a su esencia, y con ella todos los “metales viles” se convierten en oro, todas las imperfecciones energéticas que llevan a la enfermedad se pueden curar, toda disfunción energética y mental se puede armonizar. Aquí es cuando nos damos cuenta que podemos hacer sanaciones con la esencia, tal cual, como hemos comentado en un par de ocasiones en anteriores artículos.
Esta última etapa es la que corresponde al RUBEDO, dominando sobre ella el SOL, el logos Solar, máxima representación de la Fuente en el sistema en el que vivimos. Horus es su Deidad y el color es el rojo. El ser humano ha despertado, su conciencia es la conciencia de su ser, y su camino es el de servicio a la humanidad. Ahora sí, el trabajo para conseguirlo es tan titánico y árduo, que por eso realmente solo unos pocos alquimistas llegaron a encontrar el valor y el tesón para ello. Quizás sabiendo lo que tenemos que hacer, no dejemos pasar ni un segundo más nosotros y nos pongamos manos a la obra.
La alquimia, tan mitificada y escondida en libros y tratados ininteligibles, se convierte así en algo tan simple como pasar por una renovación física, emocional, mental y espiritual, pero a niveles tan profundos que, cuando se realiza, el elixir de la vida aparece por si solo, y uno se da cuenta que siempre tuvo la facultad de transformar en oro todo lo que tocaba, porque siempre había sido portador inconsciente de su propia piedra filosofal.

Alquimia de metales, alquimia interior

Alquimia de metales, alquimia interior

Autor: David Topi                                                               
Web: 2/#.VaJnHPl_Oko">http://davidtopi.com/page/2/#.VaJnHPl_Oko
Descargar PDF:
Audio:    

Es posible que muchos hayáis oído hablar de la alquimia, una milenaria ciencia que, Hermes Trimegistos, padre de muchas de las tradiciones y enseñanzas esotéricas que llegan a nuestros tiempos con el nombre de “herméticas”, parece haber “sacado a la luz” bajo la forma de alegorías y metáforas, dando claves a aquellos iniciados en los misterios de la vida, la naturaleza y el universo, para conseguir cambios en su interior, en su psique, en su alma, a través de la transformación de “metales” (cualidades) inherentes al ser humano.
Para aquellos que buscaban realmente la piedra filosofal y la transmutación literal de metales como el plomo en oro, los libros de Ramón Llul, de Flamel, de Fulcanelli o de otros alquimistas medievales eran un sinfín de laberintos inescrutables, imposibles de descifrar, pues, de hecho, aunque quizás existiera y tuvieran la formula para ello, la verdadera alquimia, enseñada y trasmitida por escuelas herméticas, esotéricas, iniciáticas, no es otra que la de la transformación del hombre para convertirse en algo superior, más elevado, más avanzado.
Desde Khem
La alquimia proviene de Egipto, y así su nombre lo indica. “Al-Khem” significa “desde Khem” (el prefijo al– es, en castellano, un “desde” o “relacionado con”) y a su vez “fuera de la oscuridad”, siendo “Khem” un termino que significa “negro” en egipcio antiguo, y que era a su vez el nombre usado para el mismo país, Egipto, llamado “oscuro” u “oculto”. De ahí que todo lo que salía o provenía de las tradiciones o conocimientos ocultos egipcios provenía de Khem, y entre ellos, el mas importante o uno de los mas importantes, la “alquimia”.
Las enseñanzas alquimistas se han hecho siempre mediante alegorías, como os decía, siendo una alegoría una información críptica, en forma de poema, de cuento, de metáfora, que tenia que ser interpretada y decodificada correctamente para poderla llevarla a la práctica y extraer sus lecciones y conocimientos, impidiendo así que fueran revelados y, quizás, mal usados, por aquellos no instruidos y preparados para ello a lo largo de los tiempos.
Transformando al ser humano
En la tradición alquímica, se da por sentado que todos los componentes que forman al ser humano, que son llamados “metales base” pueden ser transformadas de un estado a otro. La transformación y transmutación de metales, así, corresponde a la transformación de cualidades en el ser humano, mediante profundos e internos procesos. Cada metal de cada libro de alquimia corresponde a una modalidad o nivel de la conciencia humana y, el oro, como metal a obtener, corresponde a la conciencia sublime, máxima, pura. La clasificación de los metales según los alquimistas iba desde los más bastos e imperfectos (más alejados de la conciencia “esencial” y pura de la Creación) con los más refinados y cercanos a ese “oro” espiritual y evolutivo que se pretendía alcanzar. Así, el alquimista pretende eliminar de si mismo esos metales bajos (cualidades) de sus pensamientos (cuerpo mental, conciencia, esferas mentales), de sus emociones (cuerpo emocional), y de sus acciones (etérico, físico), transmutando todas esas imperfecciones para llevarlas hacia un alineamiento con las leyes naturales de funcionamiento de la Creación, como os explicaba hace un par de artículos.
Cuando esto se conseguía, se había obtenido “oro”, el estado deseado, se había conseguido transmutar el plomo en la sustancia perfecta.  Como podéis ver, el método de funcionamiento es, en base, igual a muchas técnicas de sanación “modernas”, eliminar lo negativo del ser humano, transmutar lo negativo y pesado, para convertirlo en positivo y elevado, si hablamos de forma simple, pero bastante acertada, referidos a la programación que llevamos a cuestas en las esferas mentales, a miedos no procesados, a sistemas de creencias limitantes o dogmáticos, etc.
Simbolismo y correspondencias
Algunos de los símbolos y fuerzas usadas en alquimia son conocidas por todos: la tierra, que representa para el proceso alquímico los talentos y recursos naturales en una persona; el aire, que representa su intelecto, su conciencia, su mente; el agua, que representa sus emociones, intuición y creatividad; el fuego, símbolo para la acción, el poder de voluntad y coraje para el cambio de esa persona, y para que esa persona pueda producir cambios en el mundo;  y el éter, Akasha o quinto elemento, como la esencia divina en todos nosotros que nos asiste en el cambio y transformación.
Un término usado en los libros de alquimia es el de la “Prima Materia”, la materia inicial, la sustancia base desde la cual se parte en el proceso de transformación. Una de esas substancias iniciales, entre otras, era la plata, cuya contrapartida esotérica es el aspecto femenino e intuitivo de la psique ( y la Luna en su aspecto astrológico), incluyendo los atributos de la intuición, la sabiduría interna, la compasión, la apertura de miras. El hecho de querer transmutar la plata en oro era el proceso de despertar en el alquimista estas cualidades, básicas y necesarias para conseguir la “conciencia pura” o “iluminada”. Una persona que no desea abrirse a su intuición, a su conocimiento interno, a aprender de si mismo, no podía llegar nunca a ese estado de “iluminación” y “conexión con la Fuente”.
¿Y como se produce esta transmutación? La alquimia habla de un potente agente, elemento catalizador, que ha sido llamado o explicado alegóricamente como el Elixir de la Vida, la Piedra Filosofal, o la Quintaesencia. Y esta piedra filosofal no es otra cosa que la chispa divina en cada uno, nuestro ser, mónada o esencia, presente en todos y en todo, y detonante, como ya habréis podido ver, si me vais siguiendo en los artículos, de todo cambio profundo en el crecimiento del ser humano, pues no hay cambio ni transformación si no hay una energía pura, cuántica, de la propia Fuente, que lo dirija.
Lo mejor de todo es que todos llevamos una piedra filosofal y un elixir de la vida alegórico en nosotros mismos, pero nunca han querido que lo sepamos y lo encontremos. Quizás va siendo hora de traer desde Khem los procesos para ello, y saquemos a la luz como convertir todos nuestros metales pesados en oro, algo que veremos como lo hacían los alquimistas por fases en el próximo artículo.

domingo, 21 de diciembre de 2014

Mejorando la nutrición energética

Mejorando la triada de nutrición energética del ser humano

Por: David Topi.

Hace ya varios meses, di una pequeña charla sobre el uso consciente de las energías que nutren al ser humano, que tenéis en este enlace de aquí abajo, si alguien no lo ha visto y/o le apetece hacerlo de nuevo, para ser más conscientes de como el cuerpo y vehículo orgánico que usamos, requiere de una combinación de diferentes nutrientes para funcionar correctamente:






jueves, 18 de diciembre de 2014

Un viaje de ida y vuelta

Un viaje de ida y vuelta

Descargar PDF: http://www.4shared.com/office/UMPJ4nOiba/Un_viaje_de_ida_y_vuelta.html

Hemos partido de la muerte y hemos regresado a la vida física. Un viaje de ida y vuelta en el derrotero del alma. Una rutina repetida, con algunos viajeros que se resisten un poco a partir, otros que no ven la hora de irse para descansar y una gran mayoría que no quiere saber nada de volver a empezar.
Si nos cuesta tanto volver, si hasta nos enojamos y porfiamos con nuestros guías que nos aconsejan y nos rebelamos cuando llega el momento de nacer, ¿por qué entonces tanto miedo, tanto dolor, tanta tragedia, cuando llega el momento ansiado por el alma de regresar por fin  a los campos de la beatitud, al estado de gracia, a ese mundo de luz y de amor? ¿Qué nos ha pasado? ¿Dónde, en qué lugar, en qué momento, perdimos la conciencia  que teníamos de nuestro ser espiritual, de nuestra esencia, de nuestra verdadera condición de seres inmortales?
Vinimos a la vida física a aprender, a crecer y a evolucionar, para regresar más tarde enriquecidos con la experiencia adquirida. Pero resulta que en el afán  de hacer más cómoda y placentera nuestra estadía en la Tierra, nos hemos olvidado de la verdadera finalidad de nuestra presencia aquí. Nos hemos creído que éramos el cuerpo, cuando en realidad el cuerpo es la ropa que nos pusimos para ir a la escuela y, cuando llega el momento de partir, nos desgarramos las vestiduras por lo que creemos que vamos a perder, porque nos damos cuenta que perdimos el tiempo o porque no tenemos la conciencia muy tranquila.
Estamos aquí en la Tierra, para cumplir con nuestro propósito. Venimos con un plan diagramado de antemano. Sabemos exactamente lo que tenemos que hacer y aprender. Pero al poco tiempo nos olvidamos de nuestro objetivo. Así como un muchacho es enviado por su padre a un país lejano para estudiar y, cuando está lejos  de su casa se olvida del  estudio, seducido por las tentaciones de un país diferente, así nosotros nos hemos olvidado de nuestro Padre y nos deslumbramos como niños en un parque de diversiones. Creemos que el objetivo es pasarla bien y queremos probar todos los juegos. Y queremos ganar todos los juegos que podamos y conseguir todos los premios que sea posible, y competimos y rivalizamos con los otros y con nuestros propios amigos y, si podemos hacer trampa, la hacemos, y ya lo único  que nos importa es ganar cada vez más y acumular  más cosas y tener  más poder que los otros y sufrimos cuando no lo logramos. Y así se nos pasa esta viday, cuando llegamos al momento de la muerte, el  momento de regresar a casa y reunirnos  con nuestro Padre, no queremos saber nada y lloramos y pensamos que es un castigo, y que nuestro Padre es injusto porque nos obliga a dejar a todos los amigos que hicimos y todas las cosas que ganamos. Sólo después de desprendernos del cuerpo, al mirar hacia atrás, nos damos cuenta de lo equivocados que estábamos, de lo tontos que fuimos al dejarnos encandilar  por la luces de un parque de diversiones y de que todo eso no era nada más  que una ilusión momentánea y pasajera.  Y resulta que, por querer poseer una ilusión, no aprendimos nada, no cumplimos  con lo que nos habíamos comprometido y, encima, en el afán de poseer más, engañamos, defraudamos, robamos y no nos importó el sufrimiento de los que se quedaron fuera de la feria de diversiones. Ahora  tendremos que volver una vez más a la Tierra. Y esta vez no habrá parque de diversiones. Sin embargo, ya nos arreglamos para no hacer lo  que tenemos que hacer. Esta vuelta, la excusa será la lucha por la viday el esfuerzo  para alcanzar una posición social acomodada. Y una vez más llegaremos a la muerte con pánico y desolación. Y una vez más, cuando estemos del otro lado, nos daremos cuenta de que nos equivocamos otra vez, de que nos olvidamos otra vez. Y seguirá ocurriendo así hasta que despertemos a nuestra conciencia espiritual y recuperemos ese conocimiento que está en nosotros mismos, en nuestra propia esencia. Necesitamos recuperar nuestra verdad.
Verdad: en  griego, se dice aletheia. Recordarán que el Leteo era el río del olvido, y letheia significa “sueño” o  “letargia”. De modo que la palabra “verdad”, en griego, quiere decir: salir del olvido y del sueño. Y esto es lo que necesitamos.  Salir del olvido y del sueño en el que estamos sumidos y entrar en el despertar.
La muerte no es ni un castigo ni una maldición. No hay vida y muerte. Sólo existe la vida y, la muerte, es el punto medio de una larga vida. Una vida  que en un momento transcurre en el plano de la esencia y, en otro momento, transcurre en el plano de la manifestación física.
La muerte es un pasaje. Igual que el nacimiento. Uno es un pasaje de ida y el otro es un pasaje de vuelta. Hay una puerta de entrada y otra de salida. Y de las dos la más importante es la de la salida, porque es la hora de la verdad, la hora de rendir cuentas. La vida física es una escuela y  la muerte es el momento del examen final. Es el momento en el que  no podemos ni  mentir ni inventar lo que no aprendimos.  Es el momento en el que nos graduamos o somos reprobados y enviados de vuelta a repetir la lección que no aprendimos.
¿Por qué entonces tanta tragedia cuando llega el momento más trascendental de nuestro paso por la vida física? Cuando estábamos allá, en el espacio,  la mayoría de nosotros no quería volver y, ahora que por fin llegó el momento  de la liberación, no queremos retornar  al lugar de donde no queríamos salir. ¿Cómo se entiende eso?
Se me ocurren dos razones fundamentales. Olvido e ignorancia. El olvido nos sume en la ignorancia y, la ignorancia, nos lleva a la superstición, y la superstición, nos lleva a adjudicarle poder a cosas, creencias y personas que en realidad no tienen más poder que el que nosotros mismos le otorgamos.
Despreciamos y miramos despectivamente a pueblos más antiguos o primitivos,  porque creen y se preparan para la vida más allá de la muerte y no nos damos cuenta de que nuestra sociedad moderna y erudita se asienta sobre una cultura supersticiosa de miedo a la muerte. Como creemos que la muerte es un castigo, entonces, ése es el castigo máximo que se nos ocurrió para los criminales y también para los inocentes que piensan diferente. Ahora bien, cuando una persona es condenada a muerte, ¿a qué  la estamos condenando? ¿Cuál es la consecuencia de ese castigo en forma de muerte? ¿Es un castigo o una liberación? ¿Es un castigo para la persona condenada para los familiares que se quedan sin su presencia? ¿Y qué es lo que le espera a quien  dicta la sentencia y a quien la lleva a cabo? Recuerden  las experiencias de Blanca y las consecuencias de su accionar entre los mayas.
Cuando empezamos a penetrar la historia íntima del alma y de  su evolución a través de los ciclos de vida, muerte y renacimiento, nos damos cuenta de que la muerte no es ni un castigo ni una tragedia. Lo verdaderamente trágico es la forma como nos conducimos ante la muerte y los despropósitos a los cuales somos arrastrados por la ignorancia y el olvido de lo que somos.
No somos el cuerpo. El cuerpo sólo es el instrumento que nos permite manifestarnos en el plano físico  y obrar directamente sobre la materia y, la muerte, es el abandono de ese instrumento cuando ya hemos cumplido con nuestro propósito, aquí en la Tierra.
La muerte es el punto culminante, más sublime y trascendental en la vida de una persona. Es el momento en que el alma en evolución se reunirá con su Padre o con su Creador, llevando el aprendizaje realizado, el fruto de su esfuerzo aquí, en la Tierra. Y resulta que, por miedo, ignorancia, olvido y superstición, arruinamos eses momento.
Para un lama tibetano toda la vida es una preparación para la muerte. La práctica espiritual constante, la meditación cotidiana, no tiene otro fin que experimentar la naturaleza esencial del  espíritu para reconocerla en el instante de la muerte. De cómo moriremos dependerá nuestra evolución posterior. Es imprescindible estar conscientes en ese momento para poder perdonar, perdonarnos y desprendernos de todas las sensaciones, apegos, emociones y pensamientos que puedan arrastramos a un estado de existencia inferior. Ya hemos visto de qué manera los pensamientos y sensaciones, en el momento de la muerte, pueden programarnos para una vida de sufrimiento y dolor. Un lama procurará liberarse  de la necesidad de volver a encarnar. Esa liberación  también es posible  para cada uno de nosotros y, si no logramos, al menos tendremos la posibilidad de renacer en condiciones que nos permitan  desarrollarnos espiritualmente. De este modo, tal vez nos graduemos en la próxima en la próxima muerte y obtengamos el pasaporte definitivo para ese mundo de luz.
Ahora bien. Para rendir un buen examen final y graduarnos en el momento de la muerte y obtener la liberación tan ansiada, es necesario respetar ese momento y hacer de él, el acto  más sagrado  de nuestra vida. Desafortunadamente, empecinados como estamos en derrotar a la muerte, enceguecidos por la soberbia de arrancarle unos días más  de vida a un cuerpo que ya cumplió  con su servicio y, acuciados por la culpa de no cumplir con nuestro deber si no agotamos todos los recursos de la ciencia, violamos impunemente  el momento  para el cual no hemos preparado durante toda la vida. Y es en ese momento cuando se instala la tragedia. Lo trágico no es morir. Lo trágico es impedir que una persona pueda morir en paz, con dignidad, conscientemente y acompañado por sus seres queridos para que cada uno tenga la oportunidad de despedirse.
Lo más difícil, para una persona que se está muriendo, no es la muerte, sino la soledad, la incomprensión de los otros que no entienden lo que está viviendo, y que la duerman, cuando necesita mantener su conciencia despierta.
Imagínese un enfermo en condiciones irreversibles, internado en una unidad de cuidados intensivos. Él sabe que va a morir, pero su familia y los médicos no quieren que se mueran. Y allí está él, entonces,  en un mundo frío  y desconocido, lejos de su casa, separado de los seres que  ama, conectado a un respirador artificial, su cuerpo ensartado con tubos y catéteres, sondas por arriba y por abajo, electrodos, drogas extrañas circulando por su sangre y las manos atadas para evitar que se arranque todo lo que le insertaron. Su conciencia  está obnubilada, su dignidad humillada y su pudor ultrajado. La familia no quiere que se vaya y, los profesionales, se juegan su egolatría y su prestigio. Y mientras tanto, él está a punto de desprenderse de su cuerpo y de rendir su examen final. ¡Está a punto de ser llevado ante la Presencia Divina, tal vez obtenga su graduación, y a nadie le interesa! Y aquí, no se puede solicitar postergación de la fecha de examen. Es ahora o ahora.
Desesperados por salvar el cuerpo, con el miedo a la culpa y el terror cultural a la muerte  cargando sobre nuestras espaldas, nadie percibe la tragedia del alma que se debate entre el dolor y la congoja de sus familiares, el sufrimiento de su cuerpo atormentado, sus propios miedos y culpas no resueltos y su esperanza de lograr, por fin, la paz y la liberación de sus ataduras carnales.
Se debe hacer todo lo posible para evitar y alejar la muerte de un individuo que tiene todavía, teóricamente, muchos meses o años para vivir. Pero si se sabe que la muerte es ineluctable, la actitud debe ser diferente. Cuando la vida ha terminado, se debe facilitar el pasaje al otro lado del río. Y es allí,  en ese punto, donde fallamos.  Nacidos y educados en la cultura de la negación y el miedo a la muerte, sólo vemos en ella una enfermedad más, un enemigo a derrotar, y no podemos aceptarla e integrarla como un hecho normal y cotidiano de nuestra vida. Nos falta familiaridad con la muerte. Necesitamos aceptarla como un hecho natural, como el resultado lógico de nuestra experiencia aquí, en la Tierra, para poder encontrar el punto de equilibrio que nos permita actuar con sabiduría y ecuanimidad.
Un médico con experiencia sabe en qué momento una enfermedad o una condición clínica determinada es irreversible. Sabe que a partir de ese instante, todo lo que haga será inútil y sólo conseguirá diferir lo que ya es inevitable. Pero en nuestra cultura, el moribundo es visto como un fracaso en el mandato que tienen los profesionales.
Recuerdo cuando falleció mi abuela. Afortunadamente, murió en casa, en su propia cama. Yo estaba cursando el quinto año de la carrera de Medicina y fui el encargado de hacerle la medicación en sus últimas horas de vida entre nosotros. Su condición clínica había empeorado y su médico me había indicado lo que tenía que administrarle. Recuerdo que cargué la jeringa, y cuando le pedí a mi abuela que extendiera el brazo, se negó preguntándome: “¿Para qué?”
No le hice la medicación. Al rato, llegó su médico. Le narré lo sucedido y entonces me dijo en forma tajante: “No dejes que te gane”. Ahí estaba el mandato. A mi pesar y el de mi abuela, que me miró resignadamente, encontré una vena en su brazo  y le efectué la medicación. Algunas horas después, mi abuela se fue. Tenía razón ella. ¿Para qué?
¿Cuántas horas más la retuvimos entre nosotros? ¿Era necesario ese pinchazo extra en su brazo? Poco después de la inyección, mi abuela se durmió o entró en coma y ya no se despertó más. En lugar de intentar retenerla por todos los medios posibles, ¿no hubiera sido mejor haberla ayudado a irse más fácilmente, más confortablemente? Podríamos haber hablado con ella.  Podríamos haberla despedido y deseado el mejor de los éxitos en su viaje hacia la Luz. Podríamos haber escuchado  y aprendido de sus labios qué era lo que estaba experimentando en esos momentos. ¿Qué pensaba de esa vida que estaba dejando? ¿Qué había aprendido? ¿Qué se llevaba? ¿Qué nos podía decir desde la sabiduría de quien ha completado su experiencia?¿Estaría allí presente en ese momento, su compañero, mi abuelo, sin que nosotros lo supiéramos?
¿Por qué entonces tanta tragedia cuando llega el momento más trascendental de nuestro paso por la vida física? Cuando estábamos allá, en el espacio,  la mayoría de nosotros no quería volver y, ahora que por fin llegó el momento  de la liberación, no queremos retornar  al lugar de donde no queríamos salir. ¿Cómo se entiende eso?
Ahora bien. Para rendir un buen examen final y graduarnos en el momento de la muerte y obtener la liberación tan ansiada, es necesario respetar ese momento y hacer de él, el acto  más sagrado  de nuestra vida. Desafortunadamente, empecinados como estamos en derrotar a la muerte, enceguecidos por la soberbia de arrancarle unos días más  de vida a un cuerpo que ya cumplió  con su servicio y, acuciados por la culpa de no cumplir con nuestro deber si no agotamos todos los recursos de la ciencia, violamos impunemente  el momento  para el cual no hemos preparado durante toda la vida. Y es en ese momento cuando se instala la tragedia. Lo trágico no es morir. Lo trágico es impedir que una persona pueda morir en paz, con dignidad, conscientemente y acompañado por sus seres queridos para que cada uno tenga la oportunidad de despedirse.
Cuando empezamos a penetrar la historia íntima del alma y de  su evolución a través de los ciclos de vida, muerte y renacimiento, nos damos cuenta de que la muerte no es ni un castigo ni una tragedia. Lo verdaderamente trágico es la forma como nos conducimos ante la muerte y los despropósitos a los cuales somos arrastrados por la ignorancia y el olvido de lo que somos.
Desesperados por salvar el cuerpo, con el miedo a la culpa y el terror cultural a la muerte  cargando sobre nuestras espaldas, nadie percibe la tragedia del alma que se debate entre el dolor y la congoja de sus familiares, el sufrimiento de su cuerpo atormentado, sus propios miedos y culpas no resueltos y su esperanza de lograr, por fin, la paz y la liberación de sus ataduras carnales.
Despreciamos y miramos despectivamente a pueblos más antiguos o primitivos,  porque creen y se preparan para la vida más allá de la muerte y no nos damos cuenta de que nuestra sociedad moderna y erudita se asienta sobre una cultura supersticiosa de miedo a la muerte. Como creemos que la muerte es un castigo, entonces, ése es el castigo máximo que se nos ocurrió para los criminales y también para los inocentes que piensan diferente. Ahora bien, cuando una persona es condenada a muerte, ¿a qué  la estamos condenando? ¿Cuál es la consecuencia de ese castigo en forma de muerte? ¿Es un castigo o una liberación? ¿Es un castigo para la persona condenada o para los familiares que se quedan sin su presencia? ¿Y qué es lo que le espera a quien  dicta la sentencia y a quien la lleva a cabo? Recuerden  las experiencias de Blanca y las consecuencias de su accionar entre los mayas.
Estamos aquí en la Tierra, para cumplir con nuestro propósito. Venimos con un plan diagramado de antemano. Sabemos exactamente lo que tenemos que hacer y aprender. Pero al poco tiempo nos olvidamos de nuestro objetivo. Así como un muchacho es enviado por su padre a un país lejano para estudiar y, cuando está lejos  de su casa se olvida del  estudio, seducido por las tentaciones de un país diferente, así nosotros nos hemos olvidado de nuestro Padre y nos deslumbramos como niños en un parque de diversiones. Creemos que el objetivo es pasarla bien y queremos probar todos los juegos. Y queremos ganar todos los juegos que podamos y conseguir todos los premios que sea posible, y competimos y rivalizamos con los otros y con nuestros propios amigos y, si podemos hacer trampa, la hacemos, y ya lo único  que nos importa es ganar cada vez más y acumular  más cosas y tener  más poder que los otros y sufrimos cuando no lo logramos. Y así se nos pasa esta vida y, cuando llegamos al momento de la muerte, el  momento de regresar a casa y reunirnos  con nuestro Padre, no queremos saber nada y lloramos y pensamos que es un castigo, y que nuestro Padre es injusto porque nos obliga a dejar a todos los amigos que hicimos y todas las cosas que ganamos. Sólo después de desprendernos del cuerpo, al mirar hacia atrás, nos damos cuenta de lo equivocados que estábamos, de lo tontos que fuimos al dejarnos encandilar  por la luces de un parque de diversiones y de que todo eso no era nada más  que una ilusión momentánea y pasajera.  Y resulta que, por querer poseer una ilusión, no aprendimos nada, no cumplimos  con lo que nos habíamos comprometido y, encima, en el afán de poseer más, engañamos, defraudamos, robamos y no nos importó el sufrimiento de los que se quedaron fuera de la feria de diversiones. Ahora  tendremos que volver una vez más a la Tierra. Y esta vez no habrá parque de diversiones. Sin embargo, ya nos arreglamos para no hacer lo  que tenemos que hacer. Esta vuelta, la excusa será la lucha por la vida y el esfuerzo  para alcanzar una posición social acomodada. Y una vez más llegaremos a la muerte con pánico y desolación. Y una vez más, cuando estemos del otro lado, nos daremos cuenta de que nos equivocamos otra vez, de que nos olvidamos otra vez. Y seguirá ocurriendo así hasta que despertemos a nuestra conciencia espiritual y recuperemos ese conocimiento que está en nosotros mismos, en nuestra propia esencia. Necesitamos recuperar nuestra verdad.
Hemos partido de la muerte y hemos regresado a la vida física. Un viaje de ida y vuelta en el derrotero del alma. Una rutina repetida, con algunos viajeros que se resisten un poco a partir, otros que no ven la hora de irse para descansar y una gran mayoría que no quiere saber nada de volver a empezar.
Imagínese un enfermo en condiciones irreversibles, internado en una unidad de cuidados intensivos. Él sabe que va a morir, pero su familia y los médicos no quieren que se mueran. Y allí está él, entonces,  en un mundo frío  y desconocido, lejos de su casa, separado de los seres que  ama, conectado a un respirador artificial, su cuerpo ensartado con tubos y catéteres, sondas por arriba y por abajo, electrodos, drogas extrañas circulando por su sangre y las manos atadas para evitar que se arranque todo lo que le insertaron. Su conciencia  está obnubilada, su dignidad humillada y su pudor ultrajado. La familia no quiere que se vaya y, los profesionales, se juegan su egolatría y su prestigio. Y mientras tanto, él está a punto de desprenderse de su cuerpo y de rendir su examen final. ¡Está a punto de ser llevado ante la Presencia Divina, tal vez obtenga su graduación, y a nadie le interesa! Y aquí, no se puede solicitar postergación de la fecha de examen. Es ahora o ahora.
La muerte es el punto culminante, más sublime y trascendental en la vida de una persona. Es el momento en que el alma en evolución se reunirá con su Padre o con su Creador, llevando el aprendizaje realizado, el fruto de su esfuerzo aquí, en la Tierra. Y resulta que, por miedo, ignorancia, olvido y superstición, arruinamos eses momento.
La muerte es un pasaje. Igual que el nacimiento. Uno es un pasaje de ida y el otro es un pasaje de vuelta. Hay una puerta de entrada y otra de salida. Y de las dos la más importante es la de la salida, porque es la hora de la verdad, la hora de rendir cuentas. La vida física es una escuela y  la muerte esel momento del examen final. Es el momento en el que  no podemos ni  mentir ni inventar lo que no aprendimos.  Es el momento en el que nos graduamos o somos reprobados  y enviados de vuelta a repetir la lección que no aprendimos.
La muerte no es ni un castigo ni una maldición. No hay vida y muerte. Sólo existe la vida y, la muerte, es el punto medio de una larga vida. Una vida  que en un momento transcurre en el plano de la esencia y, en otro momento, transcurre en el plano de la manifestación física.
Lo más difícil, para una persona que se está muriendo, no es la muerte, sino la soledad, la incomprensión de los otros que no entienden lo que está viviendo, y que la duerman, cuando necesita mantener su conciencia despierta.
No le hice la medicación. Al rato, llegó su médico. Le narré lo sucedido y entonces me dijo en forma tajante: “No dejes que te gane”. Ahí estaba el mandato. A mi pesar y el de mi abuela, que me miró resignadamente, encontré una vena en su brazo  y le efectué la medicación. Algunas horas después, mi abuela se fue. Tenía razón ella. ¿Para qué?
No somos el cuerpo. El cuerpo sólo es el instrumento que nos permite manifestarnos en el plano físico  y obrar directamente sobre la materia y, la muerte, es el abandono de ese instrumento cuando ya hemos cumplido con nuestro propósito, aquí en la Tierra.
Para un lama tibetano toda la vida es una preparación para la muerte. La práctica espiritual constante, la meditación cotidiana, no tiene otro fin que experimentar la naturaleza esencial del  espíritu para reconocerla en el instante de la muerte. De cómo moriremos dependerá nuestra evolución posterior. Es imprescindible estar conscientes en ese momento para poder perdonar, perdonarnos y desprendernos de todas las sensaciones, apegos, emociones y pensamientos que puedan arrastrarnos a un estado de existencia inferior. Ya hemos visto de qué manera los pensamientos y sensaciones, en el momento de la muerte, pueden programarnos para una vida de sufrimiento y dolor. Un lama procurará liberarse  de la necesidad de volver a encarnar. Esa liberación  también es posible  para cada uno de nosotros y, si no logramos, al menos tendremos la posibilidad de renacer en condiciones que nos permitan  desarrollarnos espiritualmente. De este modo, tal vez nos graduemos en la próxima en la próxima muerte y obtengamos el pasaporte definitivo para ese mundo de luz.
Pero no. No queríamos  que se fuera.  No queríamos aceptar que el momento había llegado y, entonces se fue como pudo.
Recuerdo cuando falleció mi abuela. Afortunadamente, murió en casa, en su propia cama. Yo estaba cursando el quinto año de la carrera de Medicina y fui el encargado de hacerle la medicación en sus últimas horas de vida entre nosotros. Su condición clínica había empeorado y su médico me había indicado lo que tenía que administrarle. Recuerdo que cargué la jeringa, y cuando le pedí a mi abuela que extendiera el brazo, se negó preguntándome: “¿Para qué?”
Se debe hacer todo lo posible para evitar y alejar la muerte de un individuo que tiene todavía, teóricamente, muchos meses o años para vivir. Pero si se sabe que la muerte es ineluctable, la actitud debe ser diferente. Cuando la vida ha terminado, se debe facilitar el pasaje al otro lado del río. Y es allí,  en ese punto, donde fallamos.  Nacidos y educados en la cultura de la negación y el miedo a la muerte, sólo vemos en ella una enfermedad más, un enemigo a derrotar, y no podemos aceptarla e integrarla como un hecho normal y cotidiano de nuestra vida. Nos falta familiaridad con la muerte. Necesitamos aceptarla como un hecho natural, como el resultado lógico de nuestra experiencia aquí, en la Tierra, para poder encontrar el punto de equilibrio que nos permita actuar con sabiduría y ecuanimidad.
Se me ocurren dos razones fundamentales. Olvido e ignorancia. El olvido nos sume en la ignorancia y, la ignorancia, nos lleva a la superstición, y la superstición, nos lleva a adjudicarle poder a cosas, creencias y personas que en realidad no tienen más poder que el que nosotros mismos le otorgamos.
Si nos cuesta tanto volver, si hasta nos enojamos y porfiamos con nuestros guías que nos aconsejan y nos rebelamos cuando llega el momento de nacer, ¿por qué entonces tanto miedo, tanto dolor, tanta tragedia, cuando llega el momento ansiado por el alma de regresar por fin  a los campos de la beatitud, al estado de gracia, a ese mundo de luz y de amor? ¿Qué nos ha pasado? ¿Dónde, en qué lugar, en qué momento, perdimos la conciencia  que teníamos de nuestro ser espiritual, de nuestra esencia, de nuestra verdadera condición de seres inmortales?
Todo podría ser distinto, si aceptásemos, emocionalmente, la realidad de la muerte. Si comprendiéramos que la muerte no es un enemigo a derrotar, sino que se trata  del momento culminante de nuestra vida. Es el cierre de la experiencia que se abrió con el nacimiento. Es necesario hacer de ese momento un ritual, un acto sagrado. Es necesario rodearlo del cuidado y del amor que implica un acto de esa naturaleza. Entonces, todo será mucho más glorioso y ya no veremos los despropósitos a los cuales el miedo y la tecnología no tienen acostumbrados.
Un médico con experiencia sabe en qué momento una enfermedad o una condición clínica determinada es irreversible. Sabe que a partir de ese instante, todo lo que haga será inútil y sólo conseguirá diferir lo que ya es inevitable. Pero en nuestra cultura, el moribundo es visto como un fracaso en el mandato que tienen los profesionales.
Verdad: en  griego, se dice aletheia. Recordarán que el Leteo era el río del olvido, y letheia significa “sueño” o  “letargia”. De modo que la palabra “verdad”, en griego, quiere decir: salir del olvido y del sueño. Y esto es lo que necesitamos.  Salir del olvido y del sueño en el que estamos sumidos y entrar en el despertar.
Vinimos a la vida física a aprender, a crecer y a evolucionar, para regresar más tarde enriquecidos con la experiencia adquirida. Pero resulta que en el afán  de hacer más cómoda y placentera nuestra estadía en la Tierra, nos hemos olvidado de la verdadera finalidad de nuestra presencia aquí. Nos hemos creído que éramos el cuerpo, cuando en realidad el cuerpo es la ropa que nos pusimos para ir a la escuela y, cuando llega el momento de partir, nos desgarramos las vestiduras por lo que creemos que vamos a perder, porque nos damos cuenta que perdimos el tiempo o porque no tenemos la conciencia muy tranquila.
AUDIO:


___________________________________________
Extraído del Libro: EL VIAJE DEL ALMA, experiencias de la vida entre las vidas. Por el Dr. José Luis Cabouli

Vivir en el ahora

por Dana Mrkich
www.danamrkich.com
9 de Octubre 2013
Traducción: M. Cristina Cáffaro

Vivir en el AHORA es una sensación interesante, casi parece que no estamos sobre suelo firme; sin embargo, en realidad es más estable que donde acostumbrábamos a pararnos constante y predominantemente: en el pasado o en el futuro. Vivir en el pasado puede traernos emociones como ira, lamentación y resentimiento gran parte del tiempo. Vivir en el futuro resulta en mucha preocupación, miedo, duda y ansiedad innecesarias que no nos ayudan. Vivir en el Ahora se siente… bueno, al principio se siente extraño. Sí, puede sentirse muy calmante y tranquilizador el permitirse confiar en la vida, en sí mismo y en la conexión con aquello que te guía, todo el tiempo. No obstante al principio puedes sentir que estás en el vacío; ni aquí ni allá.
Estamos acostumbrados a apegarnos a las cosas, a las pertenencias, a las personas, a las situaciones, a los empleos. Si se saca al “tiempo” fuera de la ecuación, de repente un montón de cosas se vuelven irrelevantes. Simultáneamente unas pocas cosas sobresalen como verdaderamente valiosas y preciosas para ti, conduciendo a una mayor apreciación de lo que es verdaderamente importante, y a un mayor deseo de vivir tu vida de acuerdo a eso.
Vivir en el Ahora conduce a una sensación de desapego en relación con ciertas situaciones que antes te hubieran mantenido “enchufado”. Idealmente, esto es un desapego saludable de aquellas cosas que realmente no te servían, pero los desapegos de cualquier tipo pueden sentirse desconcertantes. Pueden hacerte sentir “desconectado” si es que has estado demasiado apegado a alguien o algo exterior a ti, o si previamente referías tu sentido de identidad a ese alguien o algo.
Hace poco apareció un comentario muy relevante de alguien que dijo: “Bueno, ¿vivir en el Ahora significa no preocuparse por las facturas del mes próximo?” Dejo constancia de que he aprendido a no preocuparme por las facturas de la próxima semana, ni qué decir del próximo mes; y sí, esto incluye esos momentos en que no tengo idea de dónde vendrá. He aprendido a confiar, no por fe ciega, sino por una experiencia tras otra en las que el dinero que realmente necesitamos siempre llega cuando más necesario es. Esto no significa sentarse a esperar que caigan milagros del cielo. Uno aprende a escuchar a sus instintos, a seguir los avisos y los empujoncitos internos. Son las llaves que destraban y abren las puertas de la oportunidad. Son las miguitas de Hansel y Gretel que nos conducen a sincronicidades mágicas (naturales). Son nuestro GPS interno funcionando, ofreciendo momentos de claridad en lamparitas que dicen: “¡Por aquí, por aquí!”
En un momento al azar, o no tan al azar, hace 21 años, me quité el reloj y no he vuelto a usar ninguno desde entonces. ¿No tener un reloj pegado a mi cuerpo me habrá ayudado a vivir en el “Ahora”? Por supuesto que tengo que mirar relojes, como todos, porque hay lugares a donde ir, personas con quienes encontrarse, etc. (En realidad nunca tuve reloj en mi casa tampoco – no es difícil enterarse de la hora, gracias a los teléfonos, computadoras, coches, etc.). Personalmente creo que a mí me ayudó. Sin embargo, tengo curiosidad: ¿alguien más sintió la necesidad de no usar reloj? ¿Ha sentido que esto marcó una diferencia en su vida?

lunes, 21 de julio de 2014

El Baile de la Conciencia y el Cerebro del Corazón

El Baile de la Conciencia y el Cerebro del Corazón

por Lee Harris

Hola a todos y bienvenidos al Pronóstico de Energías para julio y agosto del 2014.
Lo primero para este mes es humorístico en mi caso, porque es la misma razón por la que tuve problemas para iniciar este pronóstico hace un segundo, y es: nuestros cerebros – y cómo nuestros cerebros no están funcionando de la manera en la que antes lo hacían.
Ahora bien, algunos de ustedes están familiarizados con esto de tiempo en tiempo desde hace varios años. Es parte del proceso del despertar en el cual su cerebro ya no ‘piensa’ ni opera de la forma en que lo hacía. Así que por un tiempo se siente casi como que su cerebro desaparece de sus vidas. Los síntomas son: la batalla con la memoria, con la concentración, con hilvanar una oración y algunas personas hasta notan que sus palabras son un poco desordenadas.
Esto es muy común para muchas personas. Cada vez un número mayor de personas que sufren este proceso del despertar ahora estarán experimentando esto. Así que no hay de que preocuparse particularmente.
Pero lo interesante y la razón por la cual podemos aprender de ello, es notar cómo nos hacesentir que perdemos nuestra capacidad mental.
Porque el desafío, creo yo, para todos nosotros en el planeta en los últimos años es cómo encontramos la fuerza dentro de una vulnerabilidad que va en incremento.
energías
Parece que cada año hay más desafíos para nosotros como gente y como individuos que nos colocan en situaciones en las que no hemos estado antes.
Vean, si piensan en la mente lineal y en la manera más masculina de utilizar la mente, es direccional; y hay una progresión de pensamiento y lógica que lleva a acciones externas y elecciones. La mente masculina percibe los logros y ‘acontecimientos’ a lo largo del camino y le gusta ver lo que pudiésemos llamar ‘éxito mensurable o probable’.
Bien, esa es una forma muy de humano entrenado de vivir y de utilizar la vieja mente masculina.
Así que ahora más personas que nunca se están abriendo más allá de cómo fueron ‘entrenadas’ como un humano – un entrenamiento que, para todos nosotros en este planeta, ha limitado nuestro potencial y capacidad actual. Algunas personas se refieren a esto como ‘condicionamiento’.  
Al abrirse más allá de su mente condicionada comienzan a poner en juego sus sentidos energéticos, su tercer ojo y su corazón a un nuevo nivel, todo el campo energético. Una vez que esto empieza a suceder, todo comienza a cambiar. Y el viejo cerebro se siente fuera de lugar. Y casi se siente como si a veces ustedes dicen cosas que casi ni entienden, o que no resuenan totalmente con otras personas de la manera en que lo hacían.
Así que muchos de ustedes tendrán un poco de una experiencia en la cual están hablando con alguien o en una relación y de pronto empiezan, “¿Qué fue lo que acabo de decir/hacer….?” Se verán sorprendidos por sus acciones y palabras.
Y esto es justo el cerebro ‘soltando’ el viejo asidero sobre su comportamiento. Porque ya ustedes no tienen una conexión emocional con este tan fuerte como antes. Mientras más despiertan, el cerebro comienza a convertirse más en una pieza de servicio para ustedes y para su forma de ser, que el líder en solitario de su forma de ser que antes era. El cerebro se convierte en una instalación a la que ustedes van, para utilizarla en el momento en el que necesitan organizar, analizar  o dirigir eventos. Pero realmente lo que sucede durante el despertar es que el cerebro del corazón comienza a volverse más dominante. Así que experimentarán esto cuando están por ejemplo, sentados mirando un árbol – algo que no puedo dejar de hacer desde hace unos cuatro meses. Necesitarán tiempo para detenerse y quedarse quietos para estar equilibrados, porque en ese momento se está derramando mucha energía en el planeta. Escuchamos ahora sobre muchas influencias externas – actividad de llamaradas solares, cambios en el universo; pero a lo que tienen que atender es a ¿cómo eso los afecta internamente?   
Algunas personas están experimentando problemas físicos o síntomas que los obligan a detenerse, re-examinar, disminuir el ritmo, cambiar la manera en que actuaban.
Algunas personas están experimentando más cansancio o desánimo o necesidades poco usuales de tomar una siesta donde normalmente su energía era más consistente.
De nuevo, todas estas cosas en los últimos tres o cuatro años habrán sido síntomas compartidos por todos en ciertas etapas. Pero, con este tiempo que se acelera, estos síntomas son más fuertes y más universales, así que ahora todo el colectivo los experimenta.
Ahora bien, todo el colectivo es algo a tener en cuenta cuando consideran cómo se están sintiendo de día a día. 
Yo trabajo con personas cada semana, y lo he hecho durante 10 años. Y lo que ha quedado muy claro para mí en esa experiencia es que ustedes entienden verdaderamente que todos tenemos una relación con el miedo y todos tenemos una relación con el amor y la apertura. Y que todos podemos ser diferentes en los detalles de esas relaciones, pero en el fondo, existen las mismas relaciones básicas respecto al amor y al miedo.
Así que por ejemplo, puedo temerle a cosas a las que ustedes personalmente no le temen – y viceversa. Pero el hecho es que son historias diferentes; formas diferentes de experimentar el temor como un ser humano.
Lo que muchos tienden a olvidar y lo veo en las preguntas que se me hacen mensualmente en las transmisiones en vivo de P + R en ‘el Portal’, es que muchos de ustedes convierten lo que están sintiendo en algo muy personal. Muchos pueden sentir que lo que les está sucediendo es algo en lo que: ‘todo tiene que ver con ustedes’
Y esto a menudo lleva al juicio o a carecer de pensamientos hacia sí mismos tales como, “¿Por qué no puedo superar esto? ¿Por qué no puedo hacer esto? ¿Cuál es el problema con esto que estoy tratando de crear y que no fructifica? ¿Cuál es mi problema? ¿Qué herida necesito sanar?
Ahora bien, esa manera de pensar es realmente vieja en la comunidad de auto desarrollo desde mi perspectiva. 
Hay un momento y un tiempo para excavar hacia dentro y pensar que todo tiene que ver con ustedes. Pero nunca se trata de nosotros. Estamos en una red de vida muy interconectada. Y justo ahora hay muchas personas en pánico, exhaustas, fuera de su centro – así que inconscientemente están llevando a cabo acciones inconscientes en formas cada vez mayores o más volátiles o reactivas.
Esta energía nos afecta a todos nosotros, día a día. Es por esto que durante los últimos meses les recordé que reconocieran sus límites y que supieran qué era lo que estaba bien para ustedes y qué no. Porque muchas personas ahora se comportarán en formas que nunca antes lo habían hecho. Reactivas, irritadas, impacientes, tristes – respuestas a este tiempo que pueden ser inconscientes en ellas y en sus comportamientos.
Así que necesitan aprender cómo responder a eso dentro de ustedes mismos. También pueden tener la necesidad de hacer algunos cambios en cómo navegan con la gente y las relaciones ahora. 

Pueden necesitar preguntarse cosas tales como “¿quiero entrar en esa controversia con esta persona o simplemente me aparto porque ellas están explotando ahora? ¿Es este el momento en que les hablo sobre ese asunto del que nunca les he hablado?”
Pero a lo largo de todo esto y particularmente al lidiar con personas que tienen dificultades,  solo regresen a este corazón sensible que mencioné antes. Pueden utilizar su espacio para sentir mucho más que para intuir al mundo, y para navegar en el mismo de una manera más pacífica y menos conflictiva.
Así que por ejemplo si están diciendo “Bien, ¿por qué esto no funciona en mi vida ahora?” Confíen en que las cosas no tienen por qué funcionar en ese momento, sino que quizás lo harán pronto. O su plan necesita cambiar y entonces el sentarse a descansar unos cuantos días los ayudará a ver eso.
Nuestras mentes humanas tienen una visión muy estrecha de todo este planeta y de nuestra manera de interactuar. Nuestra mente del alma es vasta  e infinita pero, en la experiencia de ser humano y atraer más consciencia a sus vidas y al planeta, todos habitamos en nuestra ‘pequeña mente humana’ a veces.  Pero más allá de eso hay conciencia. Y la conciencia sabe EXACTAMENTE la razón por la cuál no han terminado su libro todavía. Y a menudo no será porque tienen un problema con el ‘bloqueo’ como escritores sino porque el mundo no está listo para el libro de ustedes todavía.
De alguien que ha sido un creador constante durante diez años, ha sido una de las grandes lecciones que he aprendido como creador. Si están creando algo para el mundo exterior, sea que aquellas personas ya están ahí y están esperando por ello (la familia para la cual están organizando un viaje)  o sea porque ustedes esperan que en los años siguientes será visto y experimentado por la gente (el libro que están escribiendo para su publicación), tienen que entender que sus bloqueos pueden tener mucho que ver con el auditorio que está esperando por ello. Y a menudo se trata de que ellos no están listos para recibir esta experiencia/información ahora, por muy importante que sea para ustedes.
Así que si están en ese estado de atacarse a sí mismos o de juzgarse por lo que ha salido mal con ustedes y sus planes, tomen una respiración. Ríndanse al hecho de que no está funcionando, respiren y comenzarán a liberar esa tensión y frustración que ahora sienten.
Traten de recordar, diariamente, que hay muchas experiencias locas, tipo tornado que giran alrededor de ustedes. Y muchas personas están girando fuera de su centro a menos que estén conscientes; “Guao. Este es un momento más caótico. Así que necesito ajustar la manera en ‘la que estoy actuando’.
No todos reconocen esto, así que sus comportamientos inconscientes son cada vez más escandalosos para que puedan captar su propia atención.  
Lo que está sucediendo como un resultado es que hay mucha gente que está corriendo todavía más rápidamente en el mundo exterior, pensando que pueden hacer que funcione si se esfuerzan más, lo que justo ahora incrementa el caos. También se debe a que ellos no quieren detenerse y sentir lo que hay dentro de ellos, lo cual es algo con lo que coincidimos y que entendemos a partir de nuestras propias vidas.
Así que sean compasivos con los límites propios siempre que puedan, ya que nunca saben cual es el tamaño del temor que está impulsando el comportamiento reactivo de una persona.
Así que, punto final para este mes – y esto se aplica también al mes de agosto.
En años recientes hemos visto ciertos meses y ciertos períodos de tiempo donde se ha sentido como que el techo de energía es ilimitado, y de pronto hay una ola de energía que avanza penetrando, abriéndonos profunda y rápidamente. Y en una cierta semana de un cierto mes puede suceder mucho en su vida debido a esto. Llega tanto de una vez que se siente como  algo que nos hubiese faltado antes. Lo que hemos notado en el último año como humanidad es que lo que hace algunos años nos llevaba unas cuantas semanas ahora lo experimentamos en menos de la primera mitad del día. Y entonces en la segunda mitad del día la energía ha cambiado de nuevo y estamos experimentando otra experiencia de fuerte energía. La mayoría de nosotros se está acostumbrando a esto, pero todavía significa que tenemos que agilizarnos sin apegarnos a ningún estado. No necesitamos apegarnos al estado de ‘alegría’ en que estábamos en la mañana, porque si tuviesen que soltar la ‘alegría’ (porque se sienten cansados de momento y necesitan reposar un poco), la alegría puede regresar más tarde.
Esta es el ‘Baile en Conciencia’ que tenemos que aprender en una forma muy humana en el planeta ahora.
¿Cómo puedo atraer este sentido de conciencia, este sentido de mi capacidad sensorial al mundo? Y cada día, es un nuevo aprendizaje o experiencia. Y la verdad es que muchos de ustedes se sienten frustrados respecto a lo que no pueden llevarle al mundo o atraer a sus vidas. Pero eso se debe a que es un proceso delicado. No podemos justamente despertarnos, sentirnos más vivos y conscientes y de pronto expulsar esa energía o fuerza hacia el mundo.
Todavía estamos tratando de entender cómo asimilarla dentro de nosotros Y cómo estar en el mundo exterior a un nuevo nivel en el que nunca hemos estado.
Antes podíamos haber estado corriendo allá fuera, moviendo nuestra energía a través de la gente y las actividades; ahora todavía tendremos nuestra energía allá fuera con la gente, pero primero y ante todo ¿cuán grande es esta parte de ustedes dentro de ustedes? ¿Cuán pleno está sintiéndose este chacra corazón para USTEDES? Ya que enfocarse en esa dirección significa que ustedes emanen naturalmente más energía del corazón a los demás cuando están en presencia de ellos. Así que lo quiero decir es: en lugar de ser capaces de enfrentar aventuras intrépidas en el mundo ahora, debido a que el clima energético es muy tumultuoso y cambia con tanta rapidez, el sitio desde el cual crear y aprender a vivir está aquí dentro (Lee señala el chakra corazón)
Si ustedes pueden existir desde este centro del corazón y realmente se abren a sentir todo lo que está sucediendo en el mundo, van a tener mucho más éxito en la forma en que actúan.
Les daré un ejemplo: si yo viniera hacia ustedes en una fiesta – y lo voy a demostrar ahora – este sería yo muy ansioso y centrado en mi mente. (Lee se muestra ansioso y dando saltos por doquier),”¡Oh, hola, guao, es bueno verte! Oye hombre, están sucediendo muchas cosas, bla, bla, bla…”
Ahora bien, resulta muy tentador – si me tuviesen frente a ustedes -, unirnos a esa energía frenética. Ahora bien, yo se  que algunos estarán riéndose y diciendo:”Já, ¡me retraería!”  Y yo sería como ustedes, la mayoría de ustedes.
Pero el asunto es: ¿pueden ustedes quedarse justo aquí dentro de sí mismos, EXACTAMENTE donde estaban, cuando esta persona frenética está haciendo esto frente a ustedes?
Porque en el pasado mucho de nosotros quedamos atrapados en los senderos energéticos de otras personas, siendo atraídos hacia ellos o repelidos por ellos. Y de eso se ha tratado en los últimos años. ¿Cómo mantenerse conectado con uno mismo a la vez que sabemos que estamos conectados con los demás? Y ¿cómo mantenerse conectado con su centro del corazón a cada momento, aun cuando la persona frente ustedes no esté centrada en el suyo propio? 
Así que si tienen ambiciones o si tienen grandes deseos en este momento, traten de atraerlos hacia la realidad más pequeña, porque así es como suceden las grandes cosas. Enfóquense mientras más despiertan en dar un paso a la vez. Los grandes proyectos en los próximos meses fructificarán mejor si se llevan a una escala pequeña, centrada en los detalles y todo lo que vaya más allá de eso posiblemente se va a sentir abrumador.
Y si están frustrados ya que tienen una ambición abrasadora o algún cambio masivo que quieren aplicar en sus vidas, pregúntense ¿qué es lo que subyace realmente bajo el mismo, alimentando la frustración? Porque habrá siempre usualmente algún descontento que están tratando de resolver. Por ejemplo, si el deseo es: “quisiera tener una carrera increíble” pudieran encontrar que la fuerza impulsora en esa oración es “para no tener que sentirme tan deprimido respecto al estado de las cosas en el mundo”.
Bueno sepan que, si tienen una carrera increíble, la depresión en el mundo aumentará en alguna otra forma en algún punto.
Así que manténganse en sus sentimientos respecto al mundo PRIMERO y aclaren cómo se siente eso en ustedes tanto como puedan, para que sus sueños no queden atados a su sensación de pérdida, temor o dolor, ya que en estos meses de verano las cosas no van a volar a menos que tengan una energía definida a su alrededor. 
Las prácticas diarias serán: meditar, tomar diez minutos al día para estar cerca de los árboles, diez minutos al día de luz solar – eso es importante. Ese fue un mensaje de Los Z’s en la transmisión de P + R del mes pasado.

La luz del sol ahora está ayudando realmente con los cambios celulares y del ADN que estamos experimentando e integrando. Así que 10-15 minutos de luz solar como una práctica.
Así que espero tengan un mes de julio verdaderamente bueno. 
Volveré de nuevo en el otoño. No voy a hacer el Pronóstico de Energías en agosto así que diseñé este para que abarcara también a agosto. Y para el otoño, tengo una nueva serie de videos apasionantes en la que estamos trabajando ahora y que espero poder revelarles.
Si quieren mantenerse en contacto conmigo mientras tanto, hay citas diarias en Facebook, que pueden encontrar aqui. Y hago una transmisión en vivo de P + R mensualmente en El Portal.
Pueden chequear acá El Portal y todas las grandes cosas que hay allí.
Así que tengan un gran verano y los veo en el otoño.
Mucho amor, Lee
Lee


1 de Julio 2014

(trascrito y editado a partir del mensaje en video en vivo de Lee)
Traducción: Fara González
Difusión: El Manantial del Caduceo

Estos y otros artículos de interés pueden ser descargados en archivo Word desde el sitio creado en http://www.manantialcaduceo.com.ar/libros.htm para ARTÍCULOS DE INTERÉS
El Manantial del Caduceo agradece a las personas que comparten y distribuyen estos mensajes tal cual se publican, con todos los créditos correspondientes, pues así reflejan su propia transparencia al difundir la luz. Lamentablemente, otras personas no actúan de esa manera y modifican o eliminan los créditos, impidiendo así que sus propios lectores tengan acceso a los sitios donde podrían encontrar mayor información. Vale la pena recordar que todos los sitios individuales que hospeda El Manantial del Caduceo han sido autorizados por los respectivos canalizadores/autores y contienen todo el material con sus traducciones autorizadas.
Estamos en una nueva energía, creando un mundo nuevo. Seamos conscientes de nuestras elecciones. ¿Queremos seguir creando competencias y desazón? ¿O preferimos la colaboración e integridad? Por favor, honremos la labor de cada persona que hace su parte para que nos lleguen estos mensajes, respetando la totalidad de los créditos. Gracias.