lunes, 11 de noviembre de 2013

jueves, 31 de octubre de 2013

La muerte un acto sagrado.

Hemos partido de la muerte y hemos regresado a la vida física. Un viaje de ida y vuelta en el derrotero del alma. Una rutina repetida, con algunos viajeros que se resisten un poco a partir, otros que no ven la hora de irse para descansar y una gran mayoría que no quiere saber nada de volver a empezar.
Si nos cuesta tanto volver, si hasta nos enojamos y porfiamos con nuestros guías que nos aconsejan y nos rebelamos cuando llega el momento de nacer, ¿por qué entonces tanto miedo, tanto dolor, tanta tragedia, cuando llega el momento ansiado por el alma de regresar por fin  a los campos de la beatitud, al estado de gracia, a ese mundo de luz y de amor? ¿Qué nos ha pasado? ¿Dónde, en qué lugar, en qué momento, perdimos la conciencia  que teníamos de nuestro ser espiritual, de nuestra esencia, de nuestra verdadera condición de seres inmortales?
Vinimos a la vida física a aprender, a crecer y a evolucionar, para regresar más tarde enriquecidos con la experiencia adquirida. Pero resulta que en el afán  de hacer más cómoda y placentera nuestra estadía en la Tierra, nos hemos olvidado de la verdadera finalidad de nuestra presencia aquí. Nos hemos creído que éramos el cuerpo, cuando en realidad el cuerpo es la ropa que nos pusimos para ir a la escuela y, cuando llega el momento de partir, nos desgarramos las vestiduras por lo que creemos que vamos a perder, porque nos damos cuenta que perdimos el tiempo o porque no tenemos la conciencia muy tranquila.
Estamos aquí en la Tierra, para cumplir con nuestro propósito. Venimos con un plan diagramado de antemano. Sabemos exactamente lo que tenemos que hacer y aprender. Pero al poco tiempo nos olvidamos de nuestro objetivo. Así como un muchacho es enviado por su padre a un país lejano para estudiar y, cuando está lejos  de su casa se olvida del  estudio, seducido por las tentaciones de un país diferente, así nosotros nos hemos olvidado de nuestro Padre y nos deslumbramos como niños en un parque de diversiones. Creemos que el objetivo es pasarla bien y queremos probar todos los juegos. Y queremos ganar todos los juegos que podamos y conseguir todos los premios que sea posible, y competimos y rivalizamos con los otros y con nuestros propios amigos y, si podemos hacer trampa, la hacemos, y ya lo único  que nos importa es ganar cada vez más y acumular  más cosas y tener  más poder que los otros y sufrimos cuando no lo logramos. Y así se nos pasa esta viday, cuando llegamos al momento de la muerte, el  momento de regresar a casa y reunirnos  con nuestro Padre, no queremos saber nada y lloramos y pensamos que es un castigo, y que nuestro Padre es injusto porque nos obliga a dejar a todos los amigos que hicimos y todas las cosas que ganamos. Sólo después de desprendernos del cuerpo, al mirar hacia atrás, nos damos cuenta de lo equivocados que estábamos, de lo tontos que fuimos al dejarnos encandilar  por la luces de un parque de diversiones y de que todo eso no era nada más  que una ilusión momentánea y pasajera.  Y resulta que, por querer poseer una ilusión, no aprendimos nada, no cumplimos  con lo que nos habíamos comprometido y, encima, en el afán de poseer más, engañamos, defraudamos, robamos y no nos importó el sufrimiento de los que se quedaron fuera de la feria de diversiones. Ahora  tendremos que volver una vez más a la Tierra. Y esta vez no habrá parque de diversiones. Sin embargo, ya nos arreglamos para no hacer lo  que tenemos que hacer. Esta vuelta, la excusa será la lucha por la viday el esfuerzo  para alcanzar una posición social acomodada. Y una vez más llegaremos a la muerte con pánico y desolación. Y una vez más, cuando estemos del otro lado, nos daremos cuenta de que nos equivocamos otra vez, de que nos olvidamos otra vez. Y seguirá ocurriendo así hasta que despertemos a nuestra conciencia espiritual y recuperemos ese conocimiento que está en nosotros mismos, en nuestra propia esencia. Necesitamos recuperar nuestra verdad.
Verdad: en  griego, se dice aletheia. Recordarán que el Leteo era el río del olvido, y letheia significa “sueño” o  “letargia”. De modo que la palabra “verdad”, en griego, quiere decir: salir del olvido y del sueño. Y esto es lo que necesitamos.  Salir del olvido y del sueño en el que estamos sumidos y entrar en el despertar.
La muerte no es ni un castigo ni una maldición. No hay vida y muerte. Sólo existe la vida y, la muerte, es el punto medio de una larga vida. Una vida  que en un momento transcurre en el plano de la esencia y, en otro momento, transcurre en el plano de la manifestación física.
La muerte es un pasaje. Igual que el nacimiento. Uno es un pasaje de ida y el otro es un pasaje de vuelta. Hay una puerta de entrada y otra de salida. Y de las dos la más importante es la de la salida, porque es la hora de la verdad, la hora de rendir cuentas. La vida física es una escuela y  la muerte es el momento del examen final. Es el momento en el que  no podemos ni  mentir ni inventar lo que no aprendimos.  Es el momento en el que nos graduamos o somos reprobados y enviados de vuelta a repetir la lección que no aprendimos.
¿Por qué entonces tanta tragedia cuando llega el momento más trascendental de nuestro paso por la vida física? Cuando estábamos allá, en el espacio,  la mayoría de nosotros no quería volver y, ahora que por fin llegó el momento  de la liberación, no queremos retornar  al lugar de donde no queríamos salir. ¿Cómo se entiende eso?
Se me ocurren dos razones fundamentales. Olvido e ignorancia. El olvido nos sume en la ignorancia y, la ignorancia, nos lleva a la superstición, y la superstición, nos lleva a adjudicarle poder a cosas, creencias y personas que en realidad no tienen más poder que el que nosotros mismos le otorgamos.
Despreciamos y miramos despectivamente a pueblos más antiguos o primitivos,  porque creen y se preparan para la vida más allá de la muerte y no nos damos cuenta de que nuestra sociedad moderna y erudita se asienta sobre una cultura supersticiosa de miedo a la muerte. Como creemos que la muerte es un castigo, entonces, ése es el castigo máximo que se nos ocurrió para los criminales y también para los inocentes que piensan diferente. Ahora bien, cuando una persona es condenada a muerte, ¿a qué  la estamos condenando? ¿Cuál es la consecuencia de ese castigo en forma de muerte? ¿Es un castigo o una liberación? ¿Es un castigo para la persona condenada para los familiares que se quedan sin su presencia? ¿Y qué es lo que le espera a quien  dicta la sentencia y a quien la lleva a cabo? Recuerden  las experiencias de Blanca y las consecuencias de su accionar entre los mayas.
Cuando empezamos a penetrar la historia íntima del alma y de  su evolución a través de los ciclos de vida, muerte y renacimiento, nos damos cuenta de que la muerte no es ni un castigo ni una tragedia. Lo verdaderamente trágico es la forma como nos conducimos ante la muerte y los despropósitos a los cuales somos arrastrados por la ignorancia y el olvido de lo que somos.
No somos el cuerpo. El cuerpo sólo es el instrumento que nos permite manifestarnos en el plano físico  y obrar directamente sobre la materia y, la muerte, es el abandono de ese instrumento cuando ya hemos cumplido con nuestro propósito, aquí en la Tierra.
La muerte es el punto culminante, más sublime y trascendental en la vida de una persona. Es el momento en que el alma en evolución se reunirá con su Padre o con su Creador, llevando el aprendizaje realizado, el fruto de su esfuerzo aquí, en la Tierra. Y resulta que, por miedo, ignorancia, olvido y superstición, arruinamos eses momento.
Para un lama tibetano toda la vida es una preparación para la muerte. La práctica espiritual constante, la meditación cotidiana, no tiene otro fin que experimentar la naturaleza esencial del  espíritu para reconocerla en el instante de la muerte. De cómo moriremos dependerá nuestra evolución posterior. Es imprescindible estar conscientes en ese momento para poder perdonar, perdonarnos y desprendernos de todas las sensaciones, apegos, emociones y pensamientos que puedan arrastramos a un estado de existencia inferior. Ya hemos visto de qué manera los pensamientos y sensaciones, en el momento de la muerte, pueden programarnos para una vida de sufrimiento y dolor. Un lama procurará liberarse  de la necesidad de volver a encarnar. Esa liberación  también es posible  para cada uno de nosotros y, si no logramos, al menos tendremos la posibilidad de renacer en condiciones que nos permitan  desarrollarnos espiritualmente. De este modo, tal vez nos graduemos en la próxima en la próxima muerte y obtengamos el pasaporte definitivo para ese mundo de luz.
Ahora bien. Para rendir un buen examen final y graduarnos en el momento de la muerte y obtener la liberación tan ansiada, es necesario respetar ese momento y hacer de él, el acto  más sagrado  de nuestra vida. Desafortunadamente, empecinados como estamos en derrotar a la muerte, enceguecidos por la soberbia de arrancarle unos días más  de vida a un cuerpo que ya cumplió  con su servicio y, acuciados por la culpa de no cumplir con nuestro deber si no agotamos todos los recursos de la ciencia, violamos impunemente  el momento  para el cual no hemos preparado durante toda la vida. Y es en ese momento cuando se instala la tragedia. Lo trágico no es morir. Lo trágico es impedir que una persona pueda morir en paz, con dignidad, conscientemente y acompañado por sus seres queridos para que cada uno tenga la oportunidad de despedirse.
Lo más difícil, para una persona que se está muriendo, no es la muerte, sino la soledad, la incomprensión de los otros que no entienden lo que está viviendo, y que la duerman, cuando necesita mantener su conciencia despierta.
Imagínese un enfermo en condiciones irreversibles, internado en una unidad de cuidados intensivos. Él sabe que va a morir, pero su familia y los médicos no quieren que se mueran. Y allí está él, entonces,  en un mundo frío  y desconocido, lejos de su casa, separado de los seres que  ama, conectado a un respirador artificial, su cuerpo ensartado con tubos y catéteres, sondas por arriba y por abajo, electrodos, drogas extrañas circulando por su sangre y las manos atadas para evitar que se arranque todo lo que le insertaron. Su conciencia  está obnubilada, su dignidad humillada y su pudor ultrajado. La familia no quiere que se vaya y, los profesionales, se juegan su egolatría y su prestigio. Y mientras tanto, él está a punto de desprenderse de su cuerpo y de rendir su examen final. ¡Está a punto de ser llevado ante la Presencia Divina, tal vez obtenga su graduación, y a nadie le interesa! Y aquí, no se puede solicitar postergación de la fecha de examen. Es ahora o ahora.
Desesperados por salvar el cuerpo, con el miedo a la culpa y el terror cultural a la muerte  cargando sobre nuestras espaldas, nadie percibe la tragedia del alma que se debate entre el dolor y la congoja de sus familiares, el sufrimiento de su cuerpo atormentado, sus propios miedos y culpas no resueltos y su esperanza de lograr, por fin, la paz y la liberación de sus ataduras carnales.
Se debe hacer todo lo posible para evitar y alejar la muerte de un individuo que tiene todavía, teóricamente, muchos meses o años para vivir. Pero si se sabe que la muerte es ineluctable, la actitud debe ser diferente. Cuando la vida ha terminado, se debe facilitar el pasaje al otro lado del río. Y es allí,  en ese punto, donde fallamos.  Nacidos y educados en la cultura de la negación y el miedo a la muerte, sólo vemos en ella una enfermedad más, un enemigo a derrotar, y no podemos aceptarla e integrarla como un hecho normal y cotidiano de nuestra vida. Nos falta familiaridad con la muerte. Necesitamos aceptarla como un hecho natural, como el resultado lógico de nuestra experiencia aquí, en la Tierra, para poder encontrar el punto de equilibrio que nos permita actuar con sabiduría y ecuanimidad.
Un médico con experiencia sabe en qué momento una enfermedad o una condición clínica determinada es irreversible. Sabe que a partir de ese instante, todo lo que haga será inútil y sólo conseguirá diferir lo que ya es inevitable. Pero en nuestra cultura, el moribundo es visto como un fracaso en el mandato que tienen los profesionales.
Recuerdo cuando falleció mi abuela. Afortunadamente, murió en casa, en su propia cama. Yo estaba cursando el quinto año de la carrera de Medicina y fui el encargado de hacerle la medicación en sus últimas horas de vida entre nosotros. Su condición clínica había empeorado y su médico me había indicado lo que tenía que administrarle. Recuerdo que cargué la jeringa, y cuando le pedí a mi abuela que extendiera el brazo, se negó preguntándome: “¿Para qué?”
No le hice la medicación. Al rato, llegó su médico. Le narré lo sucedido y entonces me dijo en forma tajante: “No dejes que te gane”. Ahí estaba el mandato. A mi pesar y el de mi abuela, que me miró resignadamente, encontré una vena en su brazo  y le efectué la medicación. Algunas horas después, mi abuela se fue. Tenía razón ella. ¿Para qué?
¿Cuántas horas más la retuvimos entre nosotros? ¿Era necesario ese pinchazo extra en su brazo? Poco después de la inyección, mi abuela se durmió o entró en coma y ya no se despertó más. En lugar de intentar retenerla por todos los medios posibles, ¿no hubiera sido mejor haberla ayudado a irse más fácilmente, más confortablemente? Podríamos haber hablado con ella.  Podríamos haberla despedido y deseado el mejor de los éxitos en su viaje hacia la Luz. Podríamos haber escuchado  y aprendido de sus labios qué era lo que estaba experimentando en esos momentos. ¿Qué pensaba de esa vida que estaba dejando? ¿Qué había aprendido? ¿Qué se llevaba? ¿Qué nos podía decir desde la sabiduría de quien ha completado su experiencia?¿Estaría allí presente en ese momento, su compañero, mi abuelo, sin que nosotros lo supiéramos?
¿Por qué entonces tanta tragedia cuando llega el momento más trascendental de nuestro paso por la vida física? Cuando estábamos allá, en el espacio,  la mayoría de nosotros no quería volver y, ahora que por fin llegó el momento  de la liberación, no queremos retornar  al lugar de donde no queríamos salir. ¿Cómo se entiende eso?
Ahora bien. Para rendir un buen examen final y graduarnos en el momento de la muerte y obtener la liberación tan ansiada, es necesario respetar ese momento y hacer de él, el acto  más sagrado  de nuestra vida. Desafortunadamente, empecinados como estamos en derrotar a la muerte, enceguecidos por la soberbia de arrancarle unos días más  de vida a un cuerpo que ya cumplió  con su servicio y, acuciados por la culpa de no cumplir con nuestro deber si no agotamos todos los recursos de la ciencia, violamos impunemente  el momento  para el cual no hemos preparado durante toda la vida. Y es en ese momento cuando se instala la tragedia. Lo trágico no es morir. Lo trágico es impedir que una persona pueda morir en paz, con dignidad, conscientemente y acompañado por sus seres queridos para que cada uno tenga la oportunidad de despedirse.
Cuando empezamos a penetrar la historia íntima del alma y de  su evolución a través de los ciclos de vida, muerte y renacimiento, nos damos cuenta de que la muerte no es ni un castigo ni una tragedia. Lo verdaderamente trágico es la forma como nos conducimos ante la muerte y los despropósitos a los cuales somos arrastrados por la ignorancia y el olvido de lo que somos.
Desesperados por salvar el cuerpo, con el miedo a la culpa y el terror cultural a la muerte  cargando sobre nuestras espaldas, nadie percibe la tragedia del alma que se debate entre el dolor y la congoja de sus familiares, el sufrimiento de su cuerpo atormentado, sus propios miedos y culpas no resueltos y su esperanza de lograr, por fin, la paz y la liberación de sus ataduras carnales.
Despreciamos y miramos despectivamente a pueblos más antiguos o primitivos,  porque creen y se preparan para la vida más allá de la muerte y no nos damos cuenta de que nuestra sociedad moderna y erudita se asienta sobre una cultura supersticiosa de miedo a la muerte. Como creemos que la muerte es un castigo, entonces, ése es el castigo máximo que se nos ocurrió para los criminales y también para los inocentes que piensan diferente. Ahora bien, cuando una persona es condenada a muerte, ¿a qué  la estamos condenando? ¿Cuál es la consecuencia de ese castigo en forma de muerte? ¿Es un castigo o una liberación? ¿Es un castigo para la persona condenada o para los familiares que se quedan sin su presencia? ¿Y qué es lo que le espera a quien  dicta la sentencia y a quien la lleva a cabo? Recuerden  las experiencias de Blanca y las consecuencias de su accionar entre los mayas.
Estamos aquí en la Tierra, para cumplir con nuestro propósito. Venimos con un plan diagramado de antemano. Sabemos exactamente lo que tenemos que hacer y aprender. Pero al poco tiempo nos olvidamos de nuestro objetivo. Así como un muchacho es enviado por su padre a un país lejano para estudiar y, cuando está lejos  de su casa se olvida del  estudio, seducido por las tentaciones de un país diferente, así nosotros nos hemos olvidado de nuestro Padre y nos deslumbramos como niños en un parque de diversiones. Creemos que el objetivo es pasarla bien y queremos probar todos los juegos. Y queremos ganar todos los juegos que podamos y conseguir todos los premios que sea posible, y competimos y rivalizamos con los otros y con nuestros propios amigos y, si podemos hacer trampa, la hacemos, y ya lo único  que nos importa es ganar cada vez más y acumular  más cosas y tener  más poder que los otros y sufrimos cuando no lo logramos. Y así se nos pasa esta vida y, cuando llegamos al momento de la muerte, el  momento de regresar a casa y reunirnos  con nuestro Padre, no queremos saber nada y lloramos y pensamos que es un castigo, y que nuestro Padre es injusto porque nos obliga a dejar a todos los amigos que hicimos y todas las cosas que ganamos. Sólo después de desprendernos del cuerpo, al mirar hacia atrás, nos damos cuenta de lo equivocados que estábamos, de lo tontos que fuimos al dejarnos encandilar  por la luces de un parque de diversiones y de que todo eso no era nada más  que una ilusión momentánea y pasajera.  Y resulta que, por querer poseer una ilusión, no aprendimos nada, no cumplimos  con lo que nos habíamos comprometido y, encima, en el afán de poseer más, engañamos, defraudamos, robamos y no nos importó el sufrimiento de los que se quedaron fuera de la feria de diversiones. Ahora  tendremos que volver una vez más a la Tierra. Y esta vez no habrá parque de diversiones. Sin embargo, ya nos arreglamos para no hacer lo  que tenemos que hacer. Esta vuelta, la excusa será la lucha por la vida y el esfuerzo  para alcanzar una posición social acomodada. Y una vez más llegaremos a la muerte con pánico y desolación. Y una vez más, cuando estemos del otro lado, nos daremos cuenta de que nos equivocamos otra vez, de que nos olvidamos otra vez. Y seguirá ocurriendo así hasta que despertemos a nuestra conciencia espiritual y recuperemos ese conocimiento que está en nosotros mismos, en nuestra propia esencia. Necesitamos recuperar nuestra verdad.
Hemos partido de la muerte y hemos regresado a la vida física. Un viaje de ida y vuelta en el derrotero del alma. Una rutina repetida, con algunos viajeros que se resisten un poco a partir, otros que no ven la hora de irse para descansar y una gran mayoría que no quiere saber nada de volver a empezar.
Imagínese un enfermo en condiciones irreversibles, internado en una unidad de cuidados intensivos. Él sabe que va a morir, pero su familia y los médicos no quieren que se mueran. Y allí está él, entonces,  en un mundo frío  y desconocido, lejos de su casa, separado de los seres que  ama, conectado a un respirador artificial, su cuerpo ensartado con tubos y catéteres, sondas por arriba y por abajo, electrodos, drogas extrañas circulando por su sangre y las manos atadas para evitar que se arranque todo lo que le insertaron. Su conciencia  está obnubilada, su dignidad humillada y su pudor ultrajado. La familia no quiere que se vaya y, los profesionales, se juegan su egolatría y su prestigio. Y mientras tanto, él está a punto de desprenderse de su cuerpo y de rendir su examen final. ¡Está a punto de ser llevado ante la Presencia Divina, tal vez obtenga su graduación, y a nadie le interesa! Y aquí, no se puede solicitar postergación de la fecha de examen. Es ahora o ahora.
La muerte es el punto culminante, más sublime y trascendental en la vida de una persona. Es el momento en que el alma en evolución se reunirá con su Padre o con su Creador, llevando el aprendizaje realizado, el fruto de su esfuerzo aquí, en la Tierra. Y resulta que, por miedo, ignorancia, olvido y superstición, arruinamos eses momento.
La muerte es un pasaje. Igual que el nacimiento. Uno es un pasaje de ida y el otro es un pasaje de vuelta. Hay una puerta de entrada y otra de salida. Y de las dos la más importante es la de la salida, porque es la hora de la verdad, la hora de rendir cuentas. La vida física es una escuela y  la muerte esel momento del examen final. Es el momento en el que  no podemos ni  mentir ni inventar lo que no aprendimos.  Es el momento en el que nos graduamos o somos reprobados  y enviados de vuelta a repetir la lección que no aprendimos.
La muerte no es ni un castigo ni una maldición. No hay vida y muerte. Sólo existe la vida y, la muerte, es el punto medio de una larga vida. Una vida  que en un momento transcurre en el plano de la esencia y, en otro momento, transcurre en el plano de la manifestación física.
Lo más difícil, para una persona que se está muriendo, no es la muerte, sino la soledad, la incomprensión de los otros que no entienden lo que está viviendo, y que la duerman, cuando necesita mantener su conciencia despierta.
No le hice la medicación. Al rato, llegó su médico. Le narré lo sucedido y entonces me dijo en forma tajante: “No dejes que te gane”. Ahí estaba el mandato. A mi pesar y el de mi abuela, que me miró resignadamente, encontré una vena en su brazo  y le efectué la medicación. Algunas horas después, mi abuela se fue. Tenía razón ella. ¿Para qué?
No somos el cuerpo. El cuerpo sólo es el instrumento que nos permite manifestarnos en el plano físico  y obrar directamente sobre la materia y, la muerte, es el abandono de ese instrumento cuando ya hemos cumplido con nuestro propósito, aquí en la Tierra.
Para un lama tibetano toda la vida es una preparación para la muerte. La práctica espiritual constante, la meditación cotidiana, no tiene otro fin que experimentar la naturaleza esencial del  espíritu para reconocerla en el instante de la muerte. De cómo moriremos dependerá nuestra evolución posterior. Es imprescindible estar conscientes en ese momento para poder perdonar, perdonarnos y desprendernos de todas las sensaciones, apegos, emociones y pensamientos que puedan arrastrarnos a un estado de existencia inferior. Ya hemos visto de qué manera los pensamientos y sensaciones, en el momento de la muerte, pueden programarnos para una vida de sufrimiento y dolor. Un lama procurará liberarse  de la necesidad de volver a encarnar. Esa liberación  también es posible  para cada uno de nosotros y, si no logramos, al menos tendremos la posibilidad de renacer en condiciones que nos permitan  desarrollarnos espiritualmente. De este modo, tal vez nos graduemos en la próxima en la próxima muerte y obtengamos el pasaporte definitivo para ese mundo de luz.
Pero no. No queríamos  que se fuera.  No queríamos aceptar que el momento había llegado y, entonces se fue como pudo.
Recuerdo cuando falleció mi abuela. Afortunadamente, murió en casa, en su propia cama. Yo estaba cursando el quinto año de la carrera de Medicina y fui el encargado de hacerle la medicación en sus últimas horas de vida entre nosotros. Su condición clínica había empeorado y su médico me había indicado lo que tenía que administrarle. Recuerdo que cargué la jeringa, y cuando le pedí a mi abuela que extendiera el brazo, se negó preguntándome: “¿Para qué?”
Se debe hacer todo lo posible para evitar y alejar la muerte de un individuo que tiene todavía, teóricamente, muchos meses o años para vivir. Pero si se sabe que la muerte es ineluctable, la actitud debe ser diferente. Cuando la vida ha terminado, se debe facilitar el pasaje al otro lado del río. Y es allí,  en ese punto, donde fallamos.  Nacidos y educados en la cultura de la negación y el miedo a la muerte, sólo vemos en ella una enfermedad más, un enemigo a derrotar, y no podemos aceptarla e integrarla como un hecho normal y cotidiano de nuestra vida. Nos falta familiaridad con la muerte. Necesitamos aceptarla como un hecho natural, como el resultado lógico de nuestra experiencia aquí, en la Tierra, para poder encontrar el punto de equilibrio que nos permita actuar con sabiduría y ecuanimidad.
Se me ocurren dos razones fundamentales. Olvido e ignorancia. El olvido nos sume en la ignorancia y, la ignorancia, nos lleva a la superstición, y la superstición, nos lleva a adjudicarle poder a cosas, creencias y personas que en realidad no tienen más poder que el que nosotros mismos le otorgamos.
Si nos cuesta tanto volver, si hasta nos enojamos y porfiamos con nuestros guías que nos aconsejan y nos rebelamos cuando llega el momento de nacer, ¿por qué entonces tanto miedo, tanto dolor, tanta tragedia, cuando llega el momento ansiado por el alma de regresar por fin  a los campos de la beatitud, al estado de gracia, a ese mundo de luz y de amor? ¿Qué nos ha pasado? ¿Dónde, en qué lugar, en qué momento, perdimos la conciencia  que teníamos de nuestro ser espiritual, de nuestra esencia, de nuestra verdadera condición de seres inmortales?
Todo podría ser distinto, si aceptásemos, emocionalmente, la realidad de la muerte. Si comprendiéramos que la muerte no es un enemigo a derrotar, sino que se trata  del momento culminante de nuestra vida. Es el cierre de la experiencia que se abrió con el nacimiento. Es necesario hacer de ese momento un ritual, un acto sagrado. Es necesario rodearlo del cuidado y del amor que implica un acto de esa naturaleza. Entonces, todo será mucho más glorioso y ya no veremos los despropósitos a los cuales el miedo y la tecnología no tienen acostumbrados.
Un médico con experiencia sabe en qué momento una enfermedad o una condición clínica determinada es irreversible. Sabe que a partir de ese instante, todo lo que haga será inútil y sólo conseguirá diferir lo que ya es inevitable. Pero en nuestra cultura, el moribundo es visto como un fracaso en el mandato que tienen los profesionales.
Verdad: en  griego, se dice aletheia. Recordarán que el Leteo era el río del olvido, y letheia significa “sueño” o  “letargia”. De modo que la palabra “verdad”, en griego, quiere decir: salir del olvido y del sueño. Y esto es lo que necesitamos.  Salir del olvido y del sueño en el que estamos sumidos y entrar en el despertar.
Vinimos a la vida física a aprender, a crecer y a evolucionar, para regresar más tarde enriquecidos con la experiencia adquirida. Pero resulta que en el afán  de hacer más cómoda y placentera nuestra estadía en la Tierra, nos hemos olvidado de la verdadera finalidad de nuestra presencia aquí. Nos hemos creído que éramos el cuerpo, cuando en realidad el cuerpo es la ropa que nos pusimos para ir a la escuela y, cuando llega el momento de partir, nos desgarramos las vestiduras por lo que creemos que vamos a perder, porque nos damos cuenta que perdimos el tiempo o porque no tenemos la conciencia muy tranquila.
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Extraído del Libro: EL VIAJE DEL ALMA, experiencias de la vida entre las vidas. Por el Dr. José Luis Cabouli

En línea recta no siempre es el camino correcto

«No podéis servir a Dios y a Mammon», dice Jesús en los Evangelios. Lo que significa que no podemos satisfacer a la vez las exigencias de la tierra y las del Cielo.
Para ser reconocidos por nuestros amigos celestiales, debemos renunciar, a menudo, a ser reconocidos por los humanos, es verdad, pero ¿qué importancia tiene eso?… ¿Cuántos años durará lo que ganáis con los humanos? Aunque os aprueben, os alaben, aunque seáis reconocidos por millones de personas, pronto todos abandonarán la tierra, y vosotros también y, entonces, ¿cómo os sentiréis cuando lleguéis al otro mundo? ¿Y cómo vais a sentiros ya, en esta vida, si sois privados de la benevolencia y del amor de las entidades luminosas?

Si os ponéis al servicio del Cielo, no esperéis que los humanos vengan a manifestaros su estima y su reconocimiento: ni siquiera saben lo que sucede en vosotros. Contentaos con trabajar. Cuando sintáis que este trabajo os llena de una vida nueva, ¿creéis que tendréis necesidad de que los demás vengan a aplaudiros y a felicitaros?
Dos personas que se encuentran por primera vez se sienten, al principio, extrañas una a la otra, sus vibraciones no se armonizan y les resulta difícil comprenderse. Pero pasa el tiempo, y a medida que hacen intercambios, empiezan a vibrar al unísono. No os extrañéis si os digo que esto mismo es lo que sucede con la comida: los alimentos que llegan a vuestra mesa vienen de más o menos lejos, pero, tanto si han venido de cerca como de lejos, son como desconocidos que invitáis a vuestra casa, a vuestro organismo, y antes de dejarles entrar, es deseable que empecéis por familiarizaros con ellos.
Cuando vayáis a comer una fruta, sostenedla durante unos instantes en vuestra mano dándole vuestro amor, vuestra gratitud. Esta fruta estará mucho mejor «dispuesta» hacia vosotros, porque habréis creado un lazo con ella. El alimento que tomamos cada día es algo más que una materia bruta, contiene elementos sutiles, imponderables. Pero sólo podremos extraer estos elementos sutiles si lo impregnamos con nuestro amor para que se abra a nosotros.
La línea recta es el camino más corto desde un punto a otro, esto es bien conocido. ¿Pero es aconsejable ir siempre en línea recta? Si queréis atravesar una ciudad, por ejemplo, difícilmente podréis hacerlo en línea recta sin chocar con edificios, coches o peatones; igualmente, en este inmenso territorio que es la vida, en donde se apretujan multitud de criaturas, raramente llegaréis a alcanzar directamente una meta sin chocar con intereses contrarios a los vuestros.
Es pues preferible, a veces, escoger la línea curva, es decir, no presentarse ante los demás diciendo inmediatamente: «Soy yo. Tengo proyectos, dejadme realizarlos.» A menudo es preferible tomar caminos desviados, que os llevan por lugares en los que no vais a encontrar obstáculos. Y como no todas las ocasiones son igualmente favorables, es mejor que esperéis también el mejor momento para pasar. Esto significa que, para realizar todos esos buenos proyectos, es mejor evitar imponernos inmediatamente, sino dar pruebas de psicología, de paciencia, de flexibilidad. Esto es seguir la línea curva.
Omraam Mikhaël Aïvanhov

Lo que cuesta atraer tu potencial al ahora.

Hay  muchos que se que desean iniciar un trabajo de transformación consigo mismos y que por distintas razones nunca tiene el tiempo, la iniciativa de empezar el compromiso y sobre todo el dinero para hacerlo. Y por tanto se encuentran así mismos dilatando indefinidamente sus cambios.
Mi deseo como ser humano es ayudar a todos y que todos desarrollen su prosperidad y salgan de situaciones difíciles y acaben con los ciclos de escasez en los que están metidos, así como crear conscientemente la vida que desean y permitirse esas nuevas experiencias.
Para ello es necesario permitirte una nueva envestidura que provenga directamente desde tu LUZ.
Esa nueva envestidura contiene la verdad sobre tu SER.
Una de esas verdades es que aquello que quieres ya existe .
Y que tu voluntad es la varita mágica que te lleva a percibir esto como cierto.

La voluntad te lleva a actuar desde la fe.
Y la fe a Crear Conscientemente tu realidad.
Aquí y ahora.
Atraer tu potencial al presente.
Si esto es lo que quieres en tu vida, también es bueno que seas consciente de lo que va costarte llegar hasta allí.
1. Tu niño interior tiene que abrirse a ese potencial.
2. Para conseguir que tu niño interior se abra vas a necesitar una estrecha asociación contigo mismo.
3. Esto supone un intenso trabajo de activar la luz en ti. Lo cual se traduce en un profundo trabajo de consciencia. Activación de tu ADN
4. Para ello necesitarás herramientas que te permitirán sortear el mayor obstáculo que es tu mente. Para que puedas bajar tu mente al corazón y anclar este a la tierra. Herramientas como la oración y la consciencia.
5. Las dos herramientas antes mencionadas son la base que te aporta lo que mas vas a necesitar y a desarrollar en tu proceso: fuerza y transformación.
6. La intención de todo el proceso era y es permitirte una nueva experiencia. para ello no puedes desenfocarte de tu liberación constante, el trabajo de consciencia constante te lleva a la ascensión de las viejas energías y de todo aquello que cargas contigo multidimensionalmente
Al sumergirte profundamente en este proceso te das cuenta de que lo quieres YA EXISTE.
Entras en un movimiento espiral de ascensión y anclaje de tu energía Divina en la tierra.
Te das cuenta de que es con amor en tu corazón como esa nueva experiencia se manifiesta ante ti.
Y todos tus proyectos y deseos se unifican en tu corazón, has aprendido a crear un puente entre tu corazón y la VIDA, desde aquí todo puede ser transformado.
Reconociendo la divinidad en tu interior. La joya que existe en el interior de cada uno de tus chacras, tus centros energéticos de creación, manifestación, amor… YO SOY LUZ DIVINA.
Ponte esa nueva vestidura, lánzate as vivir el proceso de transformación necesario, comprométete contigo mismo y date esa nueva experiencia que quieres vivir.
En luz y amor
Diana Arango
Autora del libro de próxima publicación:
Crear desde el SER: El propósito de tu vida.
Creadora del Método  y Escuela Online Crear Conscientemente



sábado, 28 de septiembre de 2013

Dejando de reaccionar

El mundo corre a toda velocidad, gira a gran velocidad, vuela a través del espacio alrededor del sol, y viaja con el sol a una velocidad precipitada a través de la galaxia. La vida en la tierra también se mueve con rapidez al igual que el cambio social y los descubrimientos tecnológicos que ocurren a diario. Todo esto sirve para acelerar nuestra mente tratando de abarcar la larga lista de desafíos desde maniobrar con los correos electrónicos hasta mantenerse al día con facebook y muchísimas otras exigencias que requieren respuesta. El potencial para molestarse y reaccionar con irritación e impaciencia es muy elevado y nunca ha sido más desafiante tratar de mantenerse neutrales. Claramente estos tiempos en los que vivimos no son tiempos neutrales. Adicionalmente cada día hay noticias que seguramente nos desequilibran emocionalmente de alguna manera. Siria, Egipto, el cambio climático, la deuda nacional, la bolsa de valores, la tasa de desempleo, el control de las armas de fuego o la ausencia del mismo, y el estancamiento político, son unos pocos de los temas susceptibles de hacernos reaccionar con desesperación, enojo, frustración, ansiedad, temor o tristeza. Cada vez que reaccionamos de esta manera contribuimos sutilmente a un mal sueño del cual no creemos que iremos a despertar. Todas y cada una de las formas de resistencia tienden a reforzar el status quo. A veces cuando señalo esto los oyentes (generalmente guerreros), reaccionan con frustración y enojo. “¿Bueno, que se supone que haga, que no me preocupe por nada?” responden sarcásticamente. “Si no me intereso, nada cambiará. Tienes que luchar por lo que quieres, no mantenerte ajeno o pasivo”. Cómo la mayoría de las personas están hechas para la acción, ésta es un área natural de confusión. Ser neutrales no significa ser pasivos o retraídos o ajenos, significa no hacer nada para contribuir aún más al problema. Así que ésta es una gran área de equivocación y aquí quizás yo pueda contribuir a aclarar la confusión en aras de que puedan entender la mecánica de la transformación y puedan dedicarse a terminar con la vieja pesadilla de manera más efectiva.
Comencemos con un área que es sin duda un sinsentido. Como seres humanos naturalmente buscamos explicaciones y razones con respecto a cómo nos sentimos. Aquí hay algunos ejemplos: “Tú me haces feliz”. “El me hizo enojar”. “Ella me puso triste”. “Las noticias me deprimieron”. “Ese lugar me asusta”. “Ese tipo en el trabajo me está volviendo loco”. A primera vista estas frases parecen naturales y correctas. Las cosas nos suceden y reaccionamos a ellas y así es como es. Esa es la vida. Lo que sucede es que eso es totalmente incorrecto de acuerdo con una forma chamánica de ver las cosas. La verdad es que nada puede hacernos sentir de cierta manera a menos que ya nosotros nos sintamos de esa manera en nuestro interior. “Ese tipo me hace enojar” porque hay enojo en mí. “Esa mujer me puso triste” porque hay tristeza en mi.
“Ese sitio me asusta” porque hay temor en mí. Los iguales se atraen así que atraemos las circunstancias que se corresponden con aquello que llevamos dentro de nosotros. La razón por la cual ese tipo fastidioso se apareció en mi vida es una consecuencia del hecho de que yo llevo el fastidio dentro de mí. La razón por la cuál sucedió ese evento que pareciera haberme entristecido es porque había tristeza en mí. Yo lo atraje a través de la resonancia. Por lo tanto primero es ver eso y detener el proceso de culparse y en su lugar asumir la responsabilidad por todo lo que ocurre. Este es el real camino hacia el poder. La alternativa es el camino real hacia la victimización. Pueden quejarse de esto todo lo que quieran, vociferar y rabiar y discutir pero sin beneficio alguno. Esta es la manera en que funciona para nosotros los humanos y hay una sola salida: asumir la responsabilidad. Así que esa esposa desagradable te ha vuelto loco. Es mejor que mires de nuevo. ¿Por qué llegó a tu vida? Y ese trabajo terrible que es tan frustrante. Tu amigo no tiene ese empleo pero tu sí. ¿Cómo acabaste con ese empleo y no tu amigo? ¿Y qué hay respecto a esos eventos mundiales sobre los cuales parece que no tienes control como es el caso de un grupo de niños expuestos a gases tóxicos en otro país? Verdaderamente es una atrocidad que tú no cometiste. Pero estaba en tu sueño de la realidad. Por lo tanto todos somos asesinos, todos somos desertores, todos somos traidores, y todos somos completamente idiotas. Sí, si somos humanos somos cada una de esas cosas, nos guste o no. Por otra parte todos somos héroes, heroínas, valientes, brillantes, amorosos, extraordinarios y más. Ahora, ustedes se podrían preguntar “¿si mi hermana me enoja y eso ya estaba en mí, entonces como es que eso llegó a mi en primer lugar?” Ah, esa es una buena pregunta.
El Digno Oponente
En la comprensión chamánica, la vida es un juego desarrollado por nosotros para una serie de propósitos. Si el origen del universo es un ser perfecto y este ser perfecto nos creó a nosotros entonces nosotros también somos perfectos. Entonces, qué estamos haciendo en cuerpos humanos en un planeta desconocido luchando con la enfermedad, la pobreza, la guerra, los problemas sociales, la muerte y un grupo de emociones negativas. No tiene sentido, a menos que ustedes acepten la teoría de que somos pecadores caídos pagando nuestra maldad. En el entendimiento chamánico eso no tiene sentido porque no hay poder en esa historia, es solo una figura de un dios patriarcal que nos envía rayos relampagueantes a nosotros como chicos y chicas malas y un diablo que nos persigue.
No, esa es una explicación infantil de esta vida y una no muy buena por cierto. La otra explicación es que en la infinidad del gran misterio hemos elegido jugar un juego de poder y pérdida. Este juego nos enseña muchas cosas y es tan real que parece ser totalmente creíble. Cómo todos los buenos juegos este tiene formas de ganar y formas de perder y el hecho de que pareciéramos perder en grande hace el juego aún más fascinante. Desarrollamos una personalidad paralela, falsa, un oponente que trata de evitar que ganemos a toda costa. Este oponente nos conoce de adentro afuera. Conoce cada debilidad, cada punto vulnerable, cada truco en el libro para seducirnos y distraernos de nuestro objetivo de recordar quienes somos. Es un experto en cada aspecto de cada uno de nosotros. Esto es a lo que los chamanes llaman un digno oponente, algo lo suficientemente poderoso para darnos una tunda, un oponente que exige nuestro respeto. Esto es a lo que los chamanes denominan el parásito, también conocido como ego y como la falsa personalidad. Fue construido nada más y nada menos que, por nosotros. Es por eso que la historia clásica de Frankestein creando su monstruo es tan fascinante. El científico Frankestein construyendo su monstruo es cada uno de nosotros.
El digno oponente o rival que nosotros creamos es un robot construido magistralmente con inteligencia artificial. El nos toma prestada nuestra inteligencia. De hecho toma todo prestado de nosotros, incluyendo nuestro Chi, nuestra energía de vida, nuestra intención, y nuestra motivación y los utiliza a todos contra nosotros. Es el oponente perfecto y no quiere que finalice el juego que estamos jugando porque cuando termine, termina su papel y desaparece y eso es exactamente lo que le sucederá algún día. Así que pudieran decir que está muy motivado para vencerlos una y otra y otra vez. Esta falsa personalidad parásita es tan exitosa que la mayoría de las personas no tiene idea de cuán destructiva es a los efectos de su percepción. Es un hipnotizador de clase mundial y se apropiará de cualquier cosa y de toda cosa para mantener su dominio del universo físico. Lo hace mediante la introducción de la tristeza, el enojo, el temor y la larga lista de emociones reactivas que entonces hacen que atraigamos más de ellas hacia nosotros.
Durante siglos, este parásito ha sido capaz de convencer a la gente de que el universo es un accidente de la naturaleza que se ajusta a leyes reales, inamovibles que no se pueden trascender, aunque la evidencia esté en todos lados – según los físicos cuánticos así como los chamanes – de que simplemente no es así. Aunque todos los días sucedan eventos milagrosos, que prueban más allá de toda duda que estas leyes pueden descontinuarse, los escépticos han logrado convencer a la mayoría de la comunidad científica de que éstos no son válidos. Los físicos habitualmente ignoran los milagros de sanación, mientras los medios de difusión ignoran una de las mayores anomalías de nuestro tiempo – los círculos de las cosechas. Los científicos, especialmente los historiadores, y geólogos, ignoran las anomalías que no se ajustan a sus teorías. Las organizaciones religiosas se dedican a ignorar todo aquello que no se ajuste a su dogma.
Dejando de Reaccionar
Entonces, cuál es esta estrategia que aprendemos para derrotar la falsa personalidad. Para comenzar, es la estrategia de no reaccionar. La falsa personalidad nos ataca en medio de la noche lanzándonos granadas de problemas. Aquí tenemos varios ejemplos: 1. “esa factura está vencida y no tienes el dinero para pagarla. Lo perderás todo. Eres un gran perdedor.” 2. “Ese empleado te está robando. El va a destruir tu negocio y tu eres muy débil y tonto para ponerle fin”. 3. “Ese bulto en tu cuerpo es preocupante. A lo mejor es cáncer. El Tío Jorge murió de cáncer a tu edad. Debías preocuparte bastante”. 4. Ese sonido extraño en el motor del coche probablemente es un gran problema. Te va a costar miles de pesos que no tienes. Tienes un gran problema”. 5. “Marta probablemente tiene un romance. Ella regresó tarde a casa anoche y te está ignorando. Parecía verdaderamente culpable. Ella es toda una ramera y deberías odiarla. Tu matrimonio se terminó. De todas formas tu no podías retener a nadie. Tú apestas”.
¿Entienden la idea? Estos pensamientos vienen espontáneamente. Aparecen y su mente los atrapa y comienzan con una serie de preocupaciones que los dejan sintiéndose ansiosos, deprimidos e indefensos y desesperanzados. Son granadas que les tiran a ustedes para que el parásito pueda alimentarse de las emociones reactivas de ustedes. La clave es no reaccionar. En su lugar adoptan una estrategia de simple observación, respondiendo con, “Oh, no me digas”. No juzguen el asunto como bueno o malo, correcto o incorrecto. No respondan tratando de resolver el problema o cambiar lo que ocurre. Adoptan una conducta de neutralidad como un consejero matrimonial que escucha las quejas de la pareja pero no toma partido. Ustedes hacen un escrutinio detallado de sus sensaciones corporales y notan la tendencia más leve a la reacción en algún lugar de su cuerpo. Observan con honestidad descarnada cualquier pensamiento innecesario, emociones inapropiadas, hábitos, tensión innecesaria. Relajan el estomago y entonces relajan cualquier área del cuerpo que se esté tensando. Ahora están practicando una técnica chamánica denominada “No Hacer”. Están deshaciendo cualquier cosa que el parásito esté tratando de hacerles. Sí, está haciendo algo pero es una acción mínima. Si ustedes tienen éxito al no quedar atrapados en el acto de la reacción han utilizado exitosamente una poderosa práctica chamánica denominada “Detener al Mundo”. Ustedes declaran una tregua, no hacen nada. Han detenido al mundo cotidiano y están experimentando simplemente la presencia de la esencia de ustedes ante esta agresión. El parásito se aburre rápidamente y se va ya que obviamente no hay nada que comer. Regresará. Regresará 10 000 veces, pero eventualmente no volverá más. Ese día será un día para el cual merece la pena trabajar. Es el día en el que el Buda declaró la victoria bajo el Árbol Bodhi de la iluminación espiritual. El se sentó y se sentó y practicó el No Hacer. El detuvo al mundo una y otra vez. El fue capaz finalmente de declarar a su psiquis como una zona libre del parásito para siempre. Cada uno de nosotros debe hacer eso eventualmente y así termina el juego.
Hay una gran oportunidad para practicar No Hacer y Detener al Mundo en su vida cotidiana. Sin embargo, si quieren practicarlo más específicamente pueden hacerlo de diversas maneras. Pueden ver deliberadamente una película perturbadora y practicar el No Hacer al observar diversas escenas diseñadas para que ustedes reaccionen. Una segunda práctica consiste en seleccionar un video juego emocionante en el que ustedes tengan que navegar en una ruta llena de obstáculos y si colisionan con algo mueren. Mi favorito es el popular juego ‘Temple Run’ que pueden jugar en su teléfono inteligente. El desafío consiste en no sentir tensión, relajar el estómago haciendo todos sus movimientos rápidos de manera neutral y calmada. Ustedes se despeñarán por el acantilado, golpearán el terraplén, serán comidos por el gorila que los persigue o golpearán los lanzallamas con regularidad y llegarán a observar como surgen estos sentimientos de atropello o abatimiento con cada error que cometan. Poco a poco serán capaces de jugar sin ninguna fuga de energía, sin alimentar al parásito, sin drama. ¿Significa esto que ya no hay diversión? No. Hay un gran placer en sentirse totalmente efectivos navegando magistralmente en un trayecto sin tensión. Esto también se aplica a la totalidad de nuestras vidas. El hecho de que seamos el Buda no quiere decir que la vida no sea divertida.

por José L. Stevens
http://www.thepowerpath.com

Traducción: Fara González López

martes, 27 de agosto de 2013

Todos vamos cambiando de nivel, como en una escalera

Imagina que estas frente a una gran escalera… esta junto a ti esa persona que es importante para ti…(novio/a, esposo/a, amigo/a etc)… y están fuertemente tomados de la mano…
Mientras están en el mismo nivel… todo está perfecto… es disfrutable. Pero de pronto… tu subes un escalón… pero esa persona no… esa persona prefiere mantenerse en el nivel inicial… ok… no hay problema… es fácil aun así estar tomados de las manos…
Pero tu subes un escalón mas… y esa persona se niega a hacerlo… ya las manos han empezado a estirarse y ya no es tan cómodo como al principio… subes un escalón mas… y ya el tirón es fuerte… ya no es disfrutable y empiezas a sentir que te frena en tu avance… pero tú quieres que esa persona suba contigo para no perderla…
Desafortunadamente para esa persona no ha llegado el momento de subir de nivel… así que se mantiene en su posición inicial… subes un escalón más… y ya ahi sí es muy difícil mantenerte unido… te duele.. y mucho… luchas entre tu deseo de que esa persona suba… de no perderla… pero tu ya no puedes ni quieres bajar de nivel….
En un nuevo movimiento hacia arriba…. viene lo inevitable… y se sueltan de las manos… puedes quedarte ahi y llorar y patalear tratando de convencerle de que te siga… que te acompañe… puedes incluso ir contra todo tu ser y tu mismo/a bajar de nivel con tal de no perderle… pero después de esa ruptura en el lazo… ya nada es igual…. así que por más doloroso y difícil que sea… entiendes que no puedes hacer más… mas que seguir avanzando… y esperar que algun día… vuelvan a estar al mismo nivel.
 Eso pasa cuando inicias tu camino de crecimiento interior… en ese proceso… en ese avance pierdes muchas cosas: pareja… amigos… trabajos… pertenencias… todo lo que ya no coincide con quien te estas convirtiendo ni puede estar en el nivel al que estas accediendo…
Puedes pelearte con la vida entera… pero el proceso asi es. El crecimiento personal es eso… personal… individual… no en grupo… puede ser que después de un tiempo esa persona decida emprender su propio camino y te alcance o suba incluso mucho más que tu… pero es importante que estés consciente de que no se puede forzar nada en esta vida.
Llega un momento… en tu escalera hacia convertirte en una mejor persona… en que puedes quedarte solo/a un tiempo… y duele… claro que duele… y mucho… pero luego, conforme vas avanzando… te vas encontrando en esos niveles con personas mucho más afines a ti… personas que gracias a su propio proceso…están en el mismo nivel que tu y que si tu sigues avanzando… ellos tambien… 
En esos niveles de avance ya no hay dolor… ni apego… ni sufrimiento… hay amor… comprensión… respeto absoluto…

Asi es nuestra vida amigos/as… una infinita escalera… donde estarás con las personas que estén en el mismo nivel que tu… y si alguien cambia… la estructura se acomoda.
Me costó mucho soltarme… aún después de una fuerte ruptura seguía viendo para atrás…. esperando un milagro… y el milagro apareció… pero no de la manera en que yo hubiera supuesto… apareció bajo otros nombres… otros cuerpos… otras actividades…. perdí una amistad… y gané a 20 más…. perdí un mal trabajo y ahora tengo un excelente trabajo y con oportunidades de tener más de lo que soñé alguna vez…. perdí un auto que no me gustaba y ahora manejo el auto de mis sueños… perdí a una pareja que creí amar… para darme cuenta que ahora lo que tengo en este momento de mi vida… ni siquiera podía soñarlo hace unos cuantos meses….
Cada pérdida… cada cosa que sale… es porque asi tiene que ser… déjales ir… y préparate para todo lo bueno que viene a tu vida… tu sigue avanzando y confia… porque esta escalera es mágica y si no me crees… ¿porque no lo compruebas por ti mismo/a?
 AHORA, TODOS PODEMOS ENTENDER PORQUE NOS ENCONTRAMOS CON DIFERENTES PERSONAS EN LA VIDA, UNAS QUE SE QUEDAN Y OTRAS  QUE DESAPARECEN, LO IMPORTANTE ES BUSCAR LA FELICIDAD.
NOTA PROPIA: Todos los que estamos conscientes de que en algún momento ingresamos en el despertar, hemos transitados en menor o mayor grado lo que el compañero expresa como su experiencia.

domingo, 11 de agosto de 2013

CONSEJOS DE DOÑA CARMENCITA

Doña Carmencita Montaño de la Torre, es una señora muy particular, tiene 89 años, más los que siempre se quitó, o sea que rayando en el centenario.
Activa, autosuficiente aún, sobre todo, muy, muy lúcida.
Dice que le ayuda que todos los días se toma un vaso de pisco, o de cerveza.
Ella vive en Lima, Perú.
Y un día, escuchando a su nieta comentar lo mal que estaban las cosas en su vida, en su trabajo, con su matrimonio, en el mundo, etc. etc.
Se acercó a ella y le dijo:
"Mira m`ijapa´que dejes de andar quejándote, te voy a dar unas cuantas sugerenciaspa' que vivas bien, y no para que tan solo sobrevivas...
¡Mírame a mí, estoy en la flor de la vida y me sigo riendo !
 1.- Agradece por todo
No te quejes, dale gracias a Dios que estás, que sigues,  y  vives,
Piensa que a un montón de idiotas ya se los llevó la parca!
2.- Cuando puedas comer... come,
cuando puedas dormir... duerme,
cuando puedas disfrutar... disfruta,
cuando puedas trabajar ....trabaja,
y si aún puedes, échate unos traguitos, juega
 con los hijos, haz el amor o ponte a silbar o a cantar en el baño
y da gracias a Dios porque tienes salud.
No te la pases quejando,
¡¡ ayyy si hubieraaaa!, ¡¡ayyyy les di! ...¡ayyy si tuviera... ¡cuánto  sacrificio!, ¡nom'ijita, altas y bajas siempre han habido y siempre habrán!
 3.- Si en la noche no puedes dormir,
si estás vuelta y vuelta en la cama,
pues párate y ponte a hacer algo, arregla un cajón, plancha tu blusa pa'mañana, ponte a leer,
porque si te quedas acostada con los ojos abiertos, vas a pensar puras tonterías!
4.- Los problemas grandotes, esos que son del mundo,
y que se oyen en la televisión, que si se está calentando el planeta, que si a tal país ya se le robaron  el dinero, que si los narcos.....
¿esos m'ija?, mándalos a la mierda!
  ¡¡no los vas a arreglar tú¡¡
Mas aun ni los entiendes, no te hagas pelota!! Deja que los que pueden, los arreglen.
Pero tú ...ocúpate de los que se ven más chiquitos, esos que sí están en tus manos.
Despreocúpate, aunque sea a ratos, atiende esos, a los demás olvídalos!!
 5.- Si te dan... agarra todo lo que te den.
Agárralo, aprovéchalo, así sea un beso o una pavadita,
porque uno vive pensando que las cosas las genera uno, pero no sabes de qué forma te llegan ...así que tú agarra y no te sientas mal!
 6.- ¡Ahhh! pero eso sí.. ¡ No agarres lo que no es tuyo ! ni la bicicleta, ni la bolsa, ni el dinero, lo ajeno respétalo, es de otro cada quien tiene lo suyo, lo que se gana y lo que se merece!
 7.- Lo que hagashazlo con ganas, con muchas ganas y mucho gusto
y hazlo bien o no lo hagas.
Y déjate de tonterías, olvídate de las envidias,
tú ...a lo tuyo
 8.- Cuídate de los vivos y aléjate de los idiotas,
fíjate bien como son, conócelos y nunca seas como ellos..
Ayuda y escucha a tus amigos.
No hables mal de la gente, ni de los vivos ni de los idiotas,
sé orgullosa, pero no seas arrogante ni prepotente.
Sé humilde, no sumisa,
sé valiente, no imprudente.
Cuando ganes, sonríe, cuando pierdas, no armes un lio  y si te da la gana ....llora.
 9..- Nunca te preocupes por lo que no tienes, por lo que no puedes comprar,
cuántas señoronas que tienen todo el dinero del mundo están en la cárcel, enfermas de la cabeza o internadas en un hospital, asustadas e inseguras, o tienen un marido abusivo que les pega a diario, no son felices, no saben comunicarse, no tienen una familia como la tuya.
 Tú tienes algo más valioso que es ....tu gente y tu salud,
¿esas? ¡no tienen madre!

10.- Manda al carajo a la Muerte,
que sea ella la que se preocupe por no poder llevarte
y no seas tú ...la que se preocupe porque ya te va a llevar!
¿Así ? ¿o más claro?
Y por último mi'jita, si la vida te da limones .........
 tú... pide  ¡ pisco !