viernes, 10 de enero de 2014

Arbol numerologico


Hoy en día la numerología aparece con toda su magia y belleza ayudándonos a comprender la infinita relación que tenemos con el Universo, y a su vez nos permite traducir con claridad, tanto el silencioso idioma de la individualidad, como las complejas formas de la personalidad.

Mediante el análisis de la fecha de nacimiento, fecha que determina ciertas influencias vibracionales de cada persona, podremos tomar conciencia de nuestra ansiadas motivaciones, como también de nuestras tediosas depresiones.

En otras palabras, descubriremos nuestras cualidades y debilidades, en caso de estar dormidos.

El estudio profundo del arte de los números nos sirve para trasmutar todas las fascetas de nuestra personalidad, ya que ésta, en vez de ser un vivo reflejo de la esencia, por lo regular se convierte en fiel intérprete del ego.

Conociendo nuestra personalidad, aceptándola sin prejuicios de ninguna clase, observándola pacientemente sin ningún tipo de evaluación, crítica o calificación, entonces podremos comprender y aceptar a los demás con mayor facilidad.

De esta manera, al trascender la personalidad que nos envuelve, que nos divide, que nos enfrenta y nos separa constantemente, llegamos a las puertas de lo verdadero y profundo, logrando al fin poder encontrarnos entre unos y otros, amorosamente en armonía, comprensivamente en silencio. Leer más: CLIC AQUÍ

Mejora tu Posicionamiento Web con http://www.intentshare.com

sábado, 7 de diciembre de 2013

Audio Meditaciones

Meditación guiada



















Meditación NO guiada





















domingo, 1 de diciembre de 2013

Viviendo en el tiempo del ahora

Viviendo  en el Tiempo del Ahora

por Dana Mrkich
www.danamrkich.com

9 de Octubre 2013

Vivir en el AHORA es una sensación interesante, casi parece que no estamos sobre suelo firme; sin embargo, en realidad es más estable que donde acostumbrábamos a pararnos constante y predominantemente: en el pasado o en el futuro. Vivir en el pasado puede traernos emociones como ira, lamentación y resentimiento gran parte del tiempo. Vivir en el futuro resulta en mucha preocupación, miedo, duda y ansiedad innecesarias que no nos ayudan. Vivir en el Ahora se siente… bueno, al principio se siente extraño. Sí, puede sentirse muy calmante y tranquilizador el permitirse confiar en la vida, en sí mismo y en la conexión con aquello que te guía, todo el tiempo. No obstante al principio puedes sentir que estás en el vacío; ni aquí ni allá.
Estamos acostumbrados a apegarnos a las cosas, a las pertenencias, a las personas, a las situaciones, a los empleos. Si se saca al “tiempo” fuera de la ecuación, de repente un montón de cosas se vuelven irrelevantes. Simultáneamente unas pocas cosas sobresalen como verdaderamente valiosas y preciosas para ti, conduciendo a una mayor apreciación de lo que es verdaderamente importante, y a un mayor deseo de vivir tu vida de acuerdo a eso.
Vivir en el Ahora conduce a una sensación de desapego en relación con ciertas situaciones que antes te hubieran mantenido “enchufado”. Idealmente, esto es un desapego saludable de aquellas cosas que realmente no te servían, pero los desapegos de cualquier tipo pueden sentirse desconcertantes. Pueden hacerte sentir “desconectado” si es que has estado demasiado apegado a alguien o algo exterior a ti, o si previamente referías tu sentido de identidad a ese alguien o algo.
Hace poco apareció un comentario muy relevante de alguien que dijo: “Bueno, ¿vivir en el Ahora significa no preocuparse por las facturas del mes próximo?” Dejo constancia de que he aprendido a no preocuparme por las facturas de la próxima semana, ni qué decir del próximo mes; y sí, esto incluye esos momentos en que no tengo idea de dónde vendrá. He aprendido a confiar, no por fe ciega, sino por una experiencia tras otra en las que el dinero que realmente necesitamos siempre llega cuando más necesario es. Esto no significa sentarse a esperar que caigan milagros del cielo. Uno aprende a escuchar a sus instintos, a seguir los avisos y los empujoncitos internos. Son las llaves que destraban y abren las puertas de la oportunidad. Son las miguitas de Hansel y Gretel que nos conducen a sincronicidades mágicas (naturales). Son nuestro GPS interno funcionando, ofreciendo momentos de claridad en lamparitas que dicen: “¡Por aquí, por aquí!”
En un momento al azar, o no tan al azar, hace 21 años, me quité el reloj y no he vuelto a usar ninguno desde entonces. ¿No tener un reloj pegado a mi cuerpo me habrá ayudado a vivir en el “Ahora”? Por supuesto que tengo que mirar relojes, como todos, porque hay lugares a donde ir, personas con quienes encontrarse, etc. (En realidad nunca tuve reloj en mi casa tampoco – no es difícil enterarse de la hora, gracias a los teléfonos, computadoras, coches, etc.). Personalmente creo que a mí me ayudó. Sin embargo, tengo curiosidad: ¿alguien más sintió la necesidad de no usar reloj? ¿Ha sentido que esto marcó una diferencia en su vida?
© Dana Mrkich 2013 Se concede permiso para compartir libremente este artículo a condición de que se dé crédito al autor y se cite la URLwww.danamrkich.com
Difusión: El Manantial del Caduce

Todo existe ahora mismo

Todo existe ahora mismo
Las expresiones negativas que perturban la creación se reciclan por medio de la ley de causa y efecto, acción y reacción, hasta que la conciencia se equilibre mediante la aceptación y el entendimiento.
He enseñado a los niños lo que llamo las “nueve palabras mágicas” que están disponibles para ellos, y para todos. Las primeras tres son: “Yo te amo”; las segundas tres son: “Dios te bendiga”; y las terceras son: Paz, mantén la calma.”  Estas palabras son poderosas.    
No hay tiempo ni espacio en el Espíritu. Todo existe ahora mismo, en la eternidad. Todo existe como Uno. No hay división. No hay separación. 
Un Alma es todas las Almas.


Jesús dijo: “El que me haya visto, ha visto al Padre.” (Juan 14:9) El demostró un entendimiento tremendo, al verse a sí mismo a través de los demás. Cuando te das cuenta que eres todas las cosas, también te incluyes tú mismo.
El darse cuenta no proviene de mentalizar o verbalizar, proviene de la inteligencia del Alma, del conocimiento inherente dentro de ti.
- John-Roger

Despierta

Despierta

Descargar PDF: http://www.4shared.com/office/Jf8eOeR0ba/Despierta.html

Si no somos sinceros con nosotros mismos, sabemos que además de estar dormidos en la noche, también podemos estar dormidos durante el día. Es muy fácil ir por los días siendo buenas personas y haciendo lo que se “supone” que tenemos que hacer. Pero para vivir la vida realmente se necesita un deseo mucho mayor, un deseo por una satisfacción divina que debemos construir constantemente. 
Vivir de verdad es despertar e inyectar nueva energía a cada día. En la práctica, significa reconocer cuáles son nuestros dones individuales, usarlos, y compartirlos con el mundo. 
Pero no podemos lograr esto a menos que primero seamos capaces de cultivar la apreciación, trabajando conscientemente para ver el bien en nosotros y en otros.
No me malinterpretes. No siempre es fácil hacer esto. La tristeza puede ser uno de los obstáculos más grandes para nuestra transformación. Pero cuando caemos en desesperación, nos desconectamos de la Luz y perdemos claridad. No podemos acceder a la información que está ahí para nosotros. No podemos leer las señales, no entendemos los mensajes. Están en todos lados, estos mensajes y estas señales, pero muchas veces, no somos capaces de verlos porque estamos atrapados dentro de nosotros mismos y nuestra negatividad.
Cuando vemos hacia atrás en nuestra vida, no deberíamos tener que arrepentirnos de que no hicimos más; siempre somos capaces de hacer más con los dones y talentos que se nos han dado. A todos nos llegará el momento en el que miremos atrás y nos preguntemos: ¿Hice lo suficiente? ¿Compartí mis dones? ¿Hubo algo en lo que pude haber hecho más?
El punto es siempre apreciar pero nunca estar satisfecho. Estamos aquí para hacer el trabajo de nuestra alma, y siempre hay un nivel más alto por el que podemos luchar en nuestra transformación espiritual.
Karen Berg

La verdad sobre los abrazos

No existe un mal abrazo, solamente buenos y óptimos abrazos
Los abrazos son dietéticos y no causan cáncer o caries…
Los abrazos son totalmente naturales, sin conservantes, ingredientes artificiales o pesticidas…
Los abrazos son: libres de colesterol, endulzados naturalmente, 100% disponibles en la naturaleza y son totalmente reciclables…
Los abrazos son fáciles de transportar, no necesitan baterías, sintonización o rayos-X…
Los abrazos están exentos de impuestos, totalmente regenerables y autosuficientes energéticamente…
Los abrazos son seguros en cualquier tipo de clima…
La verdad,
Los abrazos son especialmente aconsejables para días fríos y lluviosos
Los abrazos son excepcionalmente efectivos en tratamientos de problemas como: pesadillas o depresión del día lunes…
Nunca dejes para mañana si puedes abrazar a alguien hoy, porque cuando das un abrazo a alguien, en el mismo instante recibes uno de vuelta
Para ti un
abrazo
especial!

Publicado en: Pensamientos positivos

Porque todavia esta en mi vida?

Brenda Hoffman
7 de Octubre
Traducción: Fara González López
Ustedes temen que aquellos que aman no estén cambiando junto con ustedes, que ustedes tienen que dejarlos por detrás. Les hemos dicho en diversas oportunidades que aquellas personas cercanas a ustedes en la 3D pueden no ser una parte importante de su nueva vida en la tierra. Muchos de ustedes han utilizado ese pensamiento para colocar una barrera entre ustedes y aquellos con quienes ustedes se conectan de manera que cuando ocurra la partida ustedes no sientan dolor.
Ustedes han malinterpretado la intención de ese mensaje.  Hay muchos que ya no están en la esfera de contactos cercanos de ustedes. Quizás ustedes hablan o aún interactúan con ellos a menudo, pero cuando ustedes piensan en las conexiones del corazón, ya ellos no son parte de ese grupo. Ellos son más bien relaciones que seres cercanos al corazón de ustedes.
Ahora que ustedes están profundamente dentro de su nueva tierra/nueva vida, es poco probable que tengan necesidad de retirar muchas más, si acaso alguna, personas de su corazón. Durante las etapas iniciales de la transición, ustedes estaban probablemente rodeados por quienes eran convenientes o debían serlo. Por ejemplo, quizás su entorno laboral requería que ustedes interactuaran con alguien lleno de temor.  Pero al ustedes encaminarse más profundamente hacia dentro de esta transición, esas personas cambiaron o, en un sentido, desaparecieron de la vida de ustedes. Aunque ustedes tengan contacto con ellas – es mínimo y ciertamente no centrado en el corazón.
Quienes quedan en el corazón de ustedes son Trabajadores de la Luz que todavía no han encendido su luz o están en un sendero diferente. Ustedes no podrían haber completado los cambios de los meses pasados si las entidades que sostenían la manera de ser y los estilos de vida de la Vieja Era estuvieran profundamente dentro del corazón de ustedes.  La Vieja Era y la nueva tierra son demasiado diferentes para que ustedes puedan actuar de corazón a corazón con alguien que se mantiene sólidamente en la Vieja Era.
Su tarea consistente en trasladarse hacia la nueva tierra era extremadamente difícil a medida que ustedes se despojaban de creencias, acciones y pensamientos de la Vieja Era. Ustedes no tenían ni tienen energía adicional para poner un cercado alrededor del temor y el enojo de las personalidades de la Vieja Era que no desean cambiar.
Esto no quiere decir que ustedes no aprendan o que lean sobre las entidades de la Vieja Era que continúan con sus antigüedades de la Vieja Era. Pero en cambio, ustedes no necesitan separarlos de su corazón – ya ustedes han completado esa fase con aquellos con quienes ustedes estaban en contacto directo.  Ellos ya no son una parte importante del corazón de ustedes – a no ser en los términos generales de la humanidad
Esposos, amigos, colegas, otros de significación, vecinos y familia que siguen siendo parte de su ser/de su corazón, en cualquier forma, son Trabajadores de la Luz que esperan encender su propia luz o estar en un sendero diferente.
Quizás parte del papel de ellos es hacer de abogados del diablo a medida que ustedes hacen su transición.  Ellos no creen necesariamente en todo o aún en la mayor parte de lo que ustedes creen, pero de alguna manera ustedes no pueden dejarlos ir. Ustedes sienten algo, en algún lugar dentro de ellos – y de ustedes – que les estimula a mantenerse serenos en sus creencia de que ellos también son parte de la nueva tierra – solo que en una etapa o lugar diferente. 
¿Cómo pueden saber esto – porque en ocasiones ellos los incomodan a ustedes?
Ustedes no pueden entender por qué ellos no desean saber más sobre la nueva tierra – o sobre ustedes – mientras ustedes hacen su transición. Ellos parecen desinteresados y sin embargo – ustedes los mantienen como una parte importante de su corazón. No en los términos generales de “todos somos uno”, sino en términos específicos de relaciones que parecen estar en contra de lo que ustedes creen.
Quizás ustedes dos discutan. Quizás no. Ustedes solo saben que profundamente dentro de ustedes ustedes no pueden eliminar esa relación de su ser. Ni tampoco lo quieren – a pesar de todos los indicadores de que debían hacerlo. Esto es cierto porque ellos son de hecho Trabajadores de la Luz que toman un sendero muy diferente al de ustedes.
Aún ahora – con toda la información de lo contrario presentada por muchos canales – ustedes creen que su sendero es el sendero verdadero. Quizás ustedes mediten, visualicen, canalicen, solo permitan ciertos alimentos en su cuerpo o lo que sea. Y quienes ustedes piensan que deben ser retirados de su ser, pero continúan siendo parte de este a pesar de su asombro en tal sentido, no están para nada interesados en el sendero de ustedes. Quizás ustedes dos se conectan espiritualmente en algún momento, pero la mayoría de las veces, este relación parece como una mezcla de agua y aceite.
Esta relación es agua y agua – solo que quizás sea agua azul y agua roja. Es del corazón – solo que de partes diferente del corazón. ¿Por qué continúan con esta relación? La respuesta es muy lógica.
Para entender plenamente que “todos somos uno” ustedes solicitaron un compañero diferente a ustedes en términos del sendero por el cual ellos caminan. Ellos avanzan tan velozmente como ustedes, solo que ellos no muestran los mismos indicadores a lo largo de su camino. Tienen diferentes marcadores y senderos. Ustedes terminarán juntos en algún punto, pero no ahora. Al abrir los sistemas de creencias de ustedes a métodos alternos de reclamación de la nueva tierra, ustedes entenderán la belleza de su decisión de seleccionar un compañero, amigo, colega, vecino, otros significativos o familiares que optaron por un sendero diferente.
El único requerimiento para adentrarse en un sendero de la nueva tierra es un corazón abierto. Aquellos con ustedes continúan interactuando tienen un corazón abierto  – a pesar de los muchos indicadores para USTEDES de que ellos no están en un sendero. Ellos son solo otra etapa del despeje de ustedes. Ellos están con ustedes para ampliar las creencias y habilidades de ustedes. Se requiere paciencia a medida que ellos (ustedes piensan) caminan titubeando por la nueva tierra. Ustedes (piensan) tienen el sendero directo y se asombran de que ellos no estén interesados en el sendero de ustedes para nada.
Esta es una lección en amor. No amor dentro de los límites y ‘deberías’ de la Vieja Era, sino amor en los términos de la nueva tierra. Todos tienen la libertad de ser porque todos se están encaminando al mismo sitio en diferentes senderos. Ustedes eligieron estar con alguien que amplía los horizontes de ustedes respecto a la nueva tierra. Y ellos lo hacen – dejándolos a ustedes consternados. Así sea. Amén. 
Brenda Hoffman
7 de Octubre
Traducción: Fara González López
Queridos,
Ustedes temen que aquellos que aman no estén cambiando junto con ustedes, que ustedes tienen que dejarlos por detrás. Les hemos dicho en diversas oportunidades que aquellas personas cercanas a ustedes en la 3D pueden no ser una parte importante de su nueva vida en la tierra. Muchos de ustedes han utilizado ese pensamiento para colocar una barrera entre ustedes y aquellos con quienes ustedes se conectan de manera que cuando ocurra la partida ustedes no sientan dolor.
Ustedes han malinterpretado la intención de ese mensaje.  Hay muchos que ya no están en la esfera de contactos cercanos de ustedes. Quizás ustedes hablan o aún interactúan con ellos a menudo, pero cuando ustedes piensan en las conexiones del corazón, ya ellos no son parte de ese grupo. Ellos son más bien relaciones que seres cercanos al corazón de ustedes.
Ahora que ustedes están profundamente dentro de su nueva tierra/nueva vida, es poco probable que tengan necesidad de retirar muchas más, si acaso alguna, personas de su corazón. Durante las etapas iniciales de la transición, ustedes estaban probablemente rodeados por quienes eran convenientes o debían serlo. Por ejemplo, quizás su entorno laboral requería que ustedes interactuaran con alguien lleno de temor.  Pero al ustedes encaminarse más profundamente hacia dentro de esta transición, esas personas cambiaron o, en un sentido, desaparecieron de la vida de ustedes. Aunque ustedes tengan contacto con ellas – es mínimo y ciertamente no centrado en el corazón.
Quienes quedan en el corazón de ustedes son Trabajadores de la Luz que todavía no han encendido su luz o están en un sendero diferente. Ustedes no podrían haber completado los cambios de los meses pasados si las entidades que sostenían la manera de ser y los estilos de vida de la Vieja Era estuvieran profundamente dentro del corazón de ustedes.  La Vieja Era y la nueva tierra son demasiado diferentes para que ustedes puedan actuar de corazón a corazón con alguien que se mantiene sólidamente en la Vieja Era.
Su tarea consistente en trasladarse hacia la nueva tierra era extremadamente difícil a medida que ustedes se despojaban de creencias, acciones y pensamientos de la Vieja Era. Ustedes no tenían ni tienen energía adicional para poner un cercado alrededor del temor y el enojo de las personalidades de la Vieja Era que no desean cambiar.
Esto no quiere decir que ustedes no aprendan o que lean sobre las entidades de la Vieja Era que continúan con sus antigüedades de la Vieja Era. Pero en cambio, ustedes no necesitan separarlos de su corazón – ya ustedes han completado esa fase con aquellos con quienes ustedes estaban en contacto directo.  Ellos ya no son una parte importante del corazón de ustedes – a no ser en los términos generales de la humanidad
Esposos, amigos, colegas, otros de significación, vecinos y familia que siguen siendo parte de su ser/de su corazón, en cualquier forma, son Trabajadores de la Luz que esperan encender su propia luz o estar en un sendero diferente.
Quizás parte del papel de ellos es hacer de abogados del diablo a medida que ustedes hacen su transición.  Ellos no creen necesariamente en todo o aún en la mayor parte de lo que ustedes creen, pero de alguna manera ustedes no pueden dejarlos ir. Ustedes sienten algo, en algún lugar dentro de ellos – y de ustedes – que les estimula a mantenerse serenos en sus creencia de que ellos también son parte de la nueva tierra – solo que en una etapa o lugar diferente. 
¿Cómo pueden saber esto – porque en ocasiones ellos los incomodan a ustedes?
Ustedes no pueden entender por qué ellos no desean saber más sobre la nueva tierra – o sobre ustedes – mientras ustedes hacen su transición. Ellos parecen desinteresados y sin embargo – ustedes los mantienen como una parte importante de su corazón. No en los términos generales de “todos somos uno”, sino en términos específicos de relaciones que parecen estar en contra de lo que ustedes creen.
Quizás ustedes dos discutan. Quizás no. Ustedes solo saben que profundamente dentro de ustedes ustedes no pueden eliminar esa relación de su ser. Ni tampoco lo quieren – a pesar de todos los indicadores de que debían hacerlo. Esto es cierto porque ellos son de hecho Trabajadores de la Luz que toman un sendero muy diferente al de ustedes.
Aún ahora – con toda la información de lo contrario presentada por muchos canales – ustedes creen que su sendero es el sendero verdadero. Quizás ustedes mediten, visualicen, canalicen, solo permitan ciertos alimentos en su cuerpo o lo que sea. Y quienes ustedes piensan que deben ser retirados de su ser, pero continúan siendo parte de este a pesar de su asombro en tal sentido, no están para nada interesados en el sendero de ustedes. Quizás ustedes dos se conectan espiritualmente en algún momento, pero la mayoría de las veces, este relación parece como una mezcla de agua y aceite.
Esta relación es agua y agua – solo que quizás sea agua azul y agua roja. Es del corazón – solo que de partes diferente del corazón. ¿Por qué continúan con esta relación? La respuesta es muy lógica.
Para entender plenamente que “todos somos uno” ustedes solicitaron un compañero diferente a ustedes en términos del sendero por el cual ellos caminan. Ellos avanzan tan velozmente como ustedes, solo que ellos no muestran los mismos indicadores a lo largo de su camino. Tienen diferentes marcadores y senderos. Ustedes terminarán juntos en algún punto, pero no ahora. Al abrir los sistemas de creencias de ustedes a métodos alternos de reclamación de la nueva tierra, ustedes entenderán la belleza de su decisión de seleccionar un compañero, amigo, colega, vecino, otros significativos o familiares que optaron por un sendero diferente.
El único requerimiento para adentrarse en un sendero de la nueva tierra es un corazón abierto. Aquellos con ustedes continúan interactuando tienen un corazón abierto  – a pesar de los muchos indicadores para USTEDES de que ellos no están en un sendero. Ellos son solo otra etapa del despeje de ustedes. Ellos están con ustedes para ampliar las creencias y habilidades de ustedes. Se requiere paciencia a medida que ellos (ustedes piensan) caminan titubeando por la nueva tierra. Ustedes (piensan) tienen el sendero directo y se asombran de que ellos no estén interesados en el sendero de ustedes para nada.
Esta es una lección en amor. No amor dentro de los límites y ‘deberías’ de la Vieja Era, sino amor en los términos de la nueva tierra. Todos tienen la libertad de ser porque todos se están encaminando al mismo sitio en diferentes senderos. Ustedes eligieron estar con alguien que amplía los horizontes de ustedes respecto a la nueva tierra. Y ellos lo hacen – dejándolos a ustedes consternados. Así sea. Amén. 

Derechos de autor © 2009-2013, Brenda Hoffman.  Todos los derechos reservados. www.LifeTapestryCreations.com. Siéntanse libres de compartir este contenido con los demás, colocarlo en su blog, añadirlo a su boletín, etc. Pero por favor mantengan la integridad de este artículo incluyendo al autor: Brenda Hoffman y el vínculo al sitio Web fuente: www.LifeTapestryCreations.com
Derechos de autor © 2009-2013, Brenda Hoffman.  Todos los derechos reservados. www.LifeTapestryCreations.com. Siéntanse libres de compartir este contenido con los demás, colocarlo en su blog, añadirlo a su boletín, etc. Pero por favor mantengan la integridad de este artículo incluyendo al autor: Brenda Hoffman y el vínculo al sitio Web fuente: www.LifeTapestryCreations.com

No digas que no tienes tiempo

Descargar PDF: http://www.4shared.com/office/lkHSi8KSce/NO_digas_que_no_tienes_tiempo.html

Aunque las hayáis olvidado, todas las palabras de verdad que hayáis leído u oído, remontarán un día a vuestra conciencia. Porque estas palabras que poseen una fuerza, la fuerza que da la luz, se han grabado en vosotros, sin saberlo, en vuestro subconsciente, en donde hacen su camino, y tarde o temprano, en el momento en que menos lo esperéis, con ocasión de un encuentro, de un acontecimiento, no podréis escapar a ellas. Diréis: «Pero, entonces, ¡la verdad no nos deja nunca en paz!» Depende de lo que llaméis paz. Si llamáis paz a la posibilidad de, sin discernimiento, dar libre curso a vuestros pensamientos, a vuestros sentimientos, a vuestros deseos, a vuestros caprichos, no os extrañe si algunas verdades que habéis oído junto a un sabio o a un Iniciado, vengan a preveniros de que os estáis extraviando. Y estas verdades os incomodarán un poco, os morderán, os tirarán de los pelos. Y es verdad, no os dejarán tranquilos. Pero si las habéis aceptado, y si habéis tomado la buena dirección, entonces, ¡qué paz vais a saborear!
No digáis que no tenéis tiempo suficiente para consagraros a los ejercicios espirituales, porque por la mañana debéis ir a trabajar y antes de partir tenéis muchas cosas que hacer y, cuando volvéis por la noche, sucede lo mismo… Porque os responderé que, si no tenéis tiempo para estar en la armonía y la luz, siempre lo tendréis para estar en los trastornos, los desórdenes y las tinieblas. Si hay algo que sucede con toda seguridad en la vida, es estar tristes, debilitados, desanimados; y lo menos seguro, sentirse felices, fuertes y serenos. ¿Por qué? Debido a esta frase que todos dicen: «¡No tengo tiempo!» Ésta es una forma cómoda de justificar la pereza y la inercia. ¿No tenéis tiempo de concentraros, de meditar, de rezar, de hacer ejercicios para haceros más resistentes, más instruidos? ¿Qué destino os preparáis de esta manera?
Poner flores sobre los ataúdes y las tumbas es una tradición muy antigua, pero, en nuestros días, las flores están destinadas sobre todo a adornar. ¿Quién piensa en que las flores poseen una quintaesencia viva que puede alimentar las almas de los muertos?… Y lo mismo sucede con las lamparillas, las velas, el incienso: todas las materias que sacrificamos desprenden unas fuerzas, unas energías que ayudan a las almas y las sostienen en el transcurso de su viaje al más allá.  ¿Y de dónde creéis que viene también la costumbre de pronunciar oraciones fúnebres, o de decir, al menos, algunas palabras afectuosas o elogiosas para el muerto antes de separarse de él? En esto también hay en el origen, un saber iniciático: los muertos son extremadamente sensibles a las palabras que los vivos dicen sobre ellos, así como a los pensamientos y a los sentimientos que tienen por ellos. Porque las palabras, lo mismo que los sentimientos y los pensamientos, producen vibraciones, emiten ondas que llegan a las almas de los seres desencarnados.
Omraam Mikhaël Aïvanhov

lunes, 11 de noviembre de 2013

jueves, 31 de octubre de 2013

La muerte un acto sagrado.

Hemos partido de la muerte y hemos regresado a la vida física. Un viaje de ida y vuelta en el derrotero del alma. Una rutina repetida, con algunos viajeros que se resisten un poco a partir, otros que no ven la hora de irse para descansar y una gran mayoría que no quiere saber nada de volver a empezar.
Si nos cuesta tanto volver, si hasta nos enojamos y porfiamos con nuestros guías que nos aconsejan y nos rebelamos cuando llega el momento de nacer, ¿por qué entonces tanto miedo, tanto dolor, tanta tragedia, cuando llega el momento ansiado por el alma de regresar por fin  a los campos de la beatitud, al estado de gracia, a ese mundo de luz y de amor? ¿Qué nos ha pasado? ¿Dónde, en qué lugar, en qué momento, perdimos la conciencia  que teníamos de nuestro ser espiritual, de nuestra esencia, de nuestra verdadera condición de seres inmortales?
Vinimos a la vida física a aprender, a crecer y a evolucionar, para regresar más tarde enriquecidos con la experiencia adquirida. Pero resulta que en el afán  de hacer más cómoda y placentera nuestra estadía en la Tierra, nos hemos olvidado de la verdadera finalidad de nuestra presencia aquí. Nos hemos creído que éramos el cuerpo, cuando en realidad el cuerpo es la ropa que nos pusimos para ir a la escuela y, cuando llega el momento de partir, nos desgarramos las vestiduras por lo que creemos que vamos a perder, porque nos damos cuenta que perdimos el tiempo o porque no tenemos la conciencia muy tranquila.
Estamos aquí en la Tierra, para cumplir con nuestro propósito. Venimos con un plan diagramado de antemano. Sabemos exactamente lo que tenemos que hacer y aprender. Pero al poco tiempo nos olvidamos de nuestro objetivo. Así como un muchacho es enviado por su padre a un país lejano para estudiar y, cuando está lejos  de su casa se olvida del  estudio, seducido por las tentaciones de un país diferente, así nosotros nos hemos olvidado de nuestro Padre y nos deslumbramos como niños en un parque de diversiones. Creemos que el objetivo es pasarla bien y queremos probar todos los juegos. Y queremos ganar todos los juegos que podamos y conseguir todos los premios que sea posible, y competimos y rivalizamos con los otros y con nuestros propios amigos y, si podemos hacer trampa, la hacemos, y ya lo único  que nos importa es ganar cada vez más y acumular  más cosas y tener  más poder que los otros y sufrimos cuando no lo logramos. Y así se nos pasa esta viday, cuando llegamos al momento de la muerte, el  momento de regresar a casa y reunirnos  con nuestro Padre, no queremos saber nada y lloramos y pensamos que es un castigo, y que nuestro Padre es injusto porque nos obliga a dejar a todos los amigos que hicimos y todas las cosas que ganamos. Sólo después de desprendernos del cuerpo, al mirar hacia atrás, nos damos cuenta de lo equivocados que estábamos, de lo tontos que fuimos al dejarnos encandilar  por la luces de un parque de diversiones y de que todo eso no era nada más  que una ilusión momentánea y pasajera.  Y resulta que, por querer poseer una ilusión, no aprendimos nada, no cumplimos  con lo que nos habíamos comprometido y, encima, en el afán de poseer más, engañamos, defraudamos, robamos y no nos importó el sufrimiento de los que se quedaron fuera de la feria de diversiones. Ahora  tendremos que volver una vez más a la Tierra. Y esta vez no habrá parque de diversiones. Sin embargo, ya nos arreglamos para no hacer lo  que tenemos que hacer. Esta vuelta, la excusa será la lucha por la viday el esfuerzo  para alcanzar una posición social acomodada. Y una vez más llegaremos a la muerte con pánico y desolación. Y una vez más, cuando estemos del otro lado, nos daremos cuenta de que nos equivocamos otra vez, de que nos olvidamos otra vez. Y seguirá ocurriendo así hasta que despertemos a nuestra conciencia espiritual y recuperemos ese conocimiento que está en nosotros mismos, en nuestra propia esencia. Necesitamos recuperar nuestra verdad.
Verdad: en  griego, se dice aletheia. Recordarán que el Leteo era el río del olvido, y letheia significa “sueño” o  “letargia”. De modo que la palabra “verdad”, en griego, quiere decir: salir del olvido y del sueño. Y esto es lo que necesitamos.  Salir del olvido y del sueño en el que estamos sumidos y entrar en el despertar.
La muerte no es ni un castigo ni una maldición. No hay vida y muerte. Sólo existe la vida y, la muerte, es el punto medio de una larga vida. Una vida  que en un momento transcurre en el plano de la esencia y, en otro momento, transcurre en el plano de la manifestación física.
La muerte es un pasaje. Igual que el nacimiento. Uno es un pasaje de ida y el otro es un pasaje de vuelta. Hay una puerta de entrada y otra de salida. Y de las dos la más importante es la de la salida, porque es la hora de la verdad, la hora de rendir cuentas. La vida física es una escuela y  la muerte es el momento del examen final. Es el momento en el que  no podemos ni  mentir ni inventar lo que no aprendimos.  Es el momento en el que nos graduamos o somos reprobados y enviados de vuelta a repetir la lección que no aprendimos.
¿Por qué entonces tanta tragedia cuando llega el momento más trascendental de nuestro paso por la vida física? Cuando estábamos allá, en el espacio,  la mayoría de nosotros no quería volver y, ahora que por fin llegó el momento  de la liberación, no queremos retornar  al lugar de donde no queríamos salir. ¿Cómo se entiende eso?
Se me ocurren dos razones fundamentales. Olvido e ignorancia. El olvido nos sume en la ignorancia y, la ignorancia, nos lleva a la superstición, y la superstición, nos lleva a adjudicarle poder a cosas, creencias y personas que en realidad no tienen más poder que el que nosotros mismos le otorgamos.
Despreciamos y miramos despectivamente a pueblos más antiguos o primitivos,  porque creen y se preparan para la vida más allá de la muerte y no nos damos cuenta de que nuestra sociedad moderna y erudita se asienta sobre una cultura supersticiosa de miedo a la muerte. Como creemos que la muerte es un castigo, entonces, ése es el castigo máximo que se nos ocurrió para los criminales y también para los inocentes que piensan diferente. Ahora bien, cuando una persona es condenada a muerte, ¿a qué  la estamos condenando? ¿Cuál es la consecuencia de ese castigo en forma de muerte? ¿Es un castigo o una liberación? ¿Es un castigo para la persona condenada para los familiares que se quedan sin su presencia? ¿Y qué es lo que le espera a quien  dicta la sentencia y a quien la lleva a cabo? Recuerden  las experiencias de Blanca y las consecuencias de su accionar entre los mayas.
Cuando empezamos a penetrar la historia íntima del alma y de  su evolución a través de los ciclos de vida, muerte y renacimiento, nos damos cuenta de que la muerte no es ni un castigo ni una tragedia. Lo verdaderamente trágico es la forma como nos conducimos ante la muerte y los despropósitos a los cuales somos arrastrados por la ignorancia y el olvido de lo que somos.
No somos el cuerpo. El cuerpo sólo es el instrumento que nos permite manifestarnos en el plano físico  y obrar directamente sobre la materia y, la muerte, es el abandono de ese instrumento cuando ya hemos cumplido con nuestro propósito, aquí en la Tierra.
La muerte es el punto culminante, más sublime y trascendental en la vida de una persona. Es el momento en que el alma en evolución se reunirá con su Padre o con su Creador, llevando el aprendizaje realizado, el fruto de su esfuerzo aquí, en la Tierra. Y resulta que, por miedo, ignorancia, olvido y superstición, arruinamos eses momento.
Para un lama tibetano toda la vida es una preparación para la muerte. La práctica espiritual constante, la meditación cotidiana, no tiene otro fin que experimentar la naturaleza esencial del  espíritu para reconocerla en el instante de la muerte. De cómo moriremos dependerá nuestra evolución posterior. Es imprescindible estar conscientes en ese momento para poder perdonar, perdonarnos y desprendernos de todas las sensaciones, apegos, emociones y pensamientos que puedan arrastramos a un estado de existencia inferior. Ya hemos visto de qué manera los pensamientos y sensaciones, en el momento de la muerte, pueden programarnos para una vida de sufrimiento y dolor. Un lama procurará liberarse  de la necesidad de volver a encarnar. Esa liberación  también es posible  para cada uno de nosotros y, si no logramos, al menos tendremos la posibilidad de renacer en condiciones que nos permitan  desarrollarnos espiritualmente. De este modo, tal vez nos graduemos en la próxima en la próxima muerte y obtengamos el pasaporte definitivo para ese mundo de luz.
Ahora bien. Para rendir un buen examen final y graduarnos en el momento de la muerte y obtener la liberación tan ansiada, es necesario respetar ese momento y hacer de él, el acto  más sagrado  de nuestra vida. Desafortunadamente, empecinados como estamos en derrotar a la muerte, enceguecidos por la soberbia de arrancarle unos días más  de vida a un cuerpo que ya cumplió  con su servicio y, acuciados por la culpa de no cumplir con nuestro deber si no agotamos todos los recursos de la ciencia, violamos impunemente  el momento  para el cual no hemos preparado durante toda la vida. Y es en ese momento cuando se instala la tragedia. Lo trágico no es morir. Lo trágico es impedir que una persona pueda morir en paz, con dignidad, conscientemente y acompañado por sus seres queridos para que cada uno tenga la oportunidad de despedirse.
Lo más difícil, para una persona que se está muriendo, no es la muerte, sino la soledad, la incomprensión de los otros que no entienden lo que está viviendo, y que la duerman, cuando necesita mantener su conciencia despierta.
Imagínese un enfermo en condiciones irreversibles, internado en una unidad de cuidados intensivos. Él sabe que va a morir, pero su familia y los médicos no quieren que se mueran. Y allí está él, entonces,  en un mundo frío  y desconocido, lejos de su casa, separado de los seres que  ama, conectado a un respirador artificial, su cuerpo ensartado con tubos y catéteres, sondas por arriba y por abajo, electrodos, drogas extrañas circulando por su sangre y las manos atadas para evitar que se arranque todo lo que le insertaron. Su conciencia  está obnubilada, su dignidad humillada y su pudor ultrajado. La familia no quiere que se vaya y, los profesionales, se juegan su egolatría y su prestigio. Y mientras tanto, él está a punto de desprenderse de su cuerpo y de rendir su examen final. ¡Está a punto de ser llevado ante la Presencia Divina, tal vez obtenga su graduación, y a nadie le interesa! Y aquí, no se puede solicitar postergación de la fecha de examen. Es ahora o ahora.
Desesperados por salvar el cuerpo, con el miedo a la culpa y el terror cultural a la muerte  cargando sobre nuestras espaldas, nadie percibe la tragedia del alma que se debate entre el dolor y la congoja de sus familiares, el sufrimiento de su cuerpo atormentado, sus propios miedos y culpas no resueltos y su esperanza de lograr, por fin, la paz y la liberación de sus ataduras carnales.
Se debe hacer todo lo posible para evitar y alejar la muerte de un individuo que tiene todavía, teóricamente, muchos meses o años para vivir. Pero si se sabe que la muerte es ineluctable, la actitud debe ser diferente. Cuando la vida ha terminado, se debe facilitar el pasaje al otro lado del río. Y es allí,  en ese punto, donde fallamos.  Nacidos y educados en la cultura de la negación y el miedo a la muerte, sólo vemos en ella una enfermedad más, un enemigo a derrotar, y no podemos aceptarla e integrarla como un hecho normal y cotidiano de nuestra vida. Nos falta familiaridad con la muerte. Necesitamos aceptarla como un hecho natural, como el resultado lógico de nuestra experiencia aquí, en la Tierra, para poder encontrar el punto de equilibrio que nos permita actuar con sabiduría y ecuanimidad.
Un médico con experiencia sabe en qué momento una enfermedad o una condición clínica determinada es irreversible. Sabe que a partir de ese instante, todo lo que haga será inútil y sólo conseguirá diferir lo que ya es inevitable. Pero en nuestra cultura, el moribundo es visto como un fracaso en el mandato que tienen los profesionales.
Recuerdo cuando falleció mi abuela. Afortunadamente, murió en casa, en su propia cama. Yo estaba cursando el quinto año de la carrera de Medicina y fui el encargado de hacerle la medicación en sus últimas horas de vida entre nosotros. Su condición clínica había empeorado y su médico me había indicado lo que tenía que administrarle. Recuerdo que cargué la jeringa, y cuando le pedí a mi abuela que extendiera el brazo, se negó preguntándome: “¿Para qué?”
No le hice la medicación. Al rato, llegó su médico. Le narré lo sucedido y entonces me dijo en forma tajante: “No dejes que te gane”. Ahí estaba el mandato. A mi pesar y el de mi abuela, que me miró resignadamente, encontré una vena en su brazo  y le efectué la medicación. Algunas horas después, mi abuela se fue. Tenía razón ella. ¿Para qué?
¿Cuántas horas más la retuvimos entre nosotros? ¿Era necesario ese pinchazo extra en su brazo? Poco después de la inyección, mi abuela se durmió o entró en coma y ya no se despertó más. En lugar de intentar retenerla por todos los medios posibles, ¿no hubiera sido mejor haberla ayudado a irse más fácilmente, más confortablemente? Podríamos haber hablado con ella.  Podríamos haberla despedido y deseado el mejor de los éxitos en su viaje hacia la Luz. Podríamos haber escuchado  y aprendido de sus labios qué era lo que estaba experimentando en esos momentos. ¿Qué pensaba de esa vida que estaba dejando? ¿Qué había aprendido? ¿Qué se llevaba? ¿Qué nos podía decir desde la sabiduría de quien ha completado su experiencia?¿Estaría allí presente en ese momento, su compañero, mi abuelo, sin que nosotros lo supiéramos?
¿Por qué entonces tanta tragedia cuando llega el momento más trascendental de nuestro paso por la vida física? Cuando estábamos allá, en el espacio,  la mayoría de nosotros no quería volver y, ahora que por fin llegó el momento  de la liberación, no queremos retornar  al lugar de donde no queríamos salir. ¿Cómo se entiende eso?
Ahora bien. Para rendir un buen examen final y graduarnos en el momento de la muerte y obtener la liberación tan ansiada, es necesario respetar ese momento y hacer de él, el acto  más sagrado  de nuestra vida. Desafortunadamente, empecinados como estamos en derrotar a la muerte, enceguecidos por la soberbia de arrancarle unos días más  de vida a un cuerpo que ya cumplió  con su servicio y, acuciados por la culpa de no cumplir con nuestro deber si no agotamos todos los recursos de la ciencia, violamos impunemente  el momento  para el cual no hemos preparado durante toda la vida. Y es en ese momento cuando se instala la tragedia. Lo trágico no es morir. Lo trágico es impedir que una persona pueda morir en paz, con dignidad, conscientemente y acompañado por sus seres queridos para que cada uno tenga la oportunidad de despedirse.
Cuando empezamos a penetrar la historia íntima del alma y de  su evolución a través de los ciclos de vida, muerte y renacimiento, nos damos cuenta de que la muerte no es ni un castigo ni una tragedia. Lo verdaderamente trágico es la forma como nos conducimos ante la muerte y los despropósitos a los cuales somos arrastrados por la ignorancia y el olvido de lo que somos.
Desesperados por salvar el cuerpo, con el miedo a la culpa y el terror cultural a la muerte  cargando sobre nuestras espaldas, nadie percibe la tragedia del alma que se debate entre el dolor y la congoja de sus familiares, el sufrimiento de su cuerpo atormentado, sus propios miedos y culpas no resueltos y su esperanza de lograr, por fin, la paz y la liberación de sus ataduras carnales.
Despreciamos y miramos despectivamente a pueblos más antiguos o primitivos,  porque creen y se preparan para la vida más allá de la muerte y no nos damos cuenta de que nuestra sociedad moderna y erudita se asienta sobre una cultura supersticiosa de miedo a la muerte. Como creemos que la muerte es un castigo, entonces, ése es el castigo máximo que se nos ocurrió para los criminales y también para los inocentes que piensan diferente. Ahora bien, cuando una persona es condenada a muerte, ¿a qué  la estamos condenando? ¿Cuál es la consecuencia de ese castigo en forma de muerte? ¿Es un castigo o una liberación? ¿Es un castigo para la persona condenada o para los familiares que se quedan sin su presencia? ¿Y qué es lo que le espera a quien  dicta la sentencia y a quien la lleva a cabo? Recuerden  las experiencias de Blanca y las consecuencias de su accionar entre los mayas.
Estamos aquí en la Tierra, para cumplir con nuestro propósito. Venimos con un plan diagramado de antemano. Sabemos exactamente lo que tenemos que hacer y aprender. Pero al poco tiempo nos olvidamos de nuestro objetivo. Así como un muchacho es enviado por su padre a un país lejano para estudiar y, cuando está lejos  de su casa se olvida del  estudio, seducido por las tentaciones de un país diferente, así nosotros nos hemos olvidado de nuestro Padre y nos deslumbramos como niños en un parque de diversiones. Creemos que el objetivo es pasarla bien y queremos probar todos los juegos. Y queremos ganar todos los juegos que podamos y conseguir todos los premios que sea posible, y competimos y rivalizamos con los otros y con nuestros propios amigos y, si podemos hacer trampa, la hacemos, y ya lo único  que nos importa es ganar cada vez más y acumular  más cosas y tener  más poder que los otros y sufrimos cuando no lo logramos. Y así se nos pasa esta vida y, cuando llegamos al momento de la muerte, el  momento de regresar a casa y reunirnos  con nuestro Padre, no queremos saber nada y lloramos y pensamos que es un castigo, y que nuestro Padre es injusto porque nos obliga a dejar a todos los amigos que hicimos y todas las cosas que ganamos. Sólo después de desprendernos del cuerpo, al mirar hacia atrás, nos damos cuenta de lo equivocados que estábamos, de lo tontos que fuimos al dejarnos encandilar  por la luces de un parque de diversiones y de que todo eso no era nada más  que una ilusión momentánea y pasajera.  Y resulta que, por querer poseer una ilusión, no aprendimos nada, no cumplimos  con lo que nos habíamos comprometido y, encima, en el afán de poseer más, engañamos, defraudamos, robamos y no nos importó el sufrimiento de los que se quedaron fuera de la feria de diversiones. Ahora  tendremos que volver una vez más a la Tierra. Y esta vez no habrá parque de diversiones. Sin embargo, ya nos arreglamos para no hacer lo  que tenemos que hacer. Esta vuelta, la excusa será la lucha por la vida y el esfuerzo  para alcanzar una posición social acomodada. Y una vez más llegaremos a la muerte con pánico y desolación. Y una vez más, cuando estemos del otro lado, nos daremos cuenta de que nos equivocamos otra vez, de que nos olvidamos otra vez. Y seguirá ocurriendo así hasta que despertemos a nuestra conciencia espiritual y recuperemos ese conocimiento que está en nosotros mismos, en nuestra propia esencia. Necesitamos recuperar nuestra verdad.
Hemos partido de la muerte y hemos regresado a la vida física. Un viaje de ida y vuelta en el derrotero del alma. Una rutina repetida, con algunos viajeros que se resisten un poco a partir, otros que no ven la hora de irse para descansar y una gran mayoría que no quiere saber nada de volver a empezar.
Imagínese un enfermo en condiciones irreversibles, internado en una unidad de cuidados intensivos. Él sabe que va a morir, pero su familia y los médicos no quieren que se mueran. Y allí está él, entonces,  en un mundo frío  y desconocido, lejos de su casa, separado de los seres que  ama, conectado a un respirador artificial, su cuerpo ensartado con tubos y catéteres, sondas por arriba y por abajo, electrodos, drogas extrañas circulando por su sangre y las manos atadas para evitar que se arranque todo lo que le insertaron. Su conciencia  está obnubilada, su dignidad humillada y su pudor ultrajado. La familia no quiere que se vaya y, los profesionales, se juegan su egolatría y su prestigio. Y mientras tanto, él está a punto de desprenderse de su cuerpo y de rendir su examen final. ¡Está a punto de ser llevado ante la Presencia Divina, tal vez obtenga su graduación, y a nadie le interesa! Y aquí, no se puede solicitar postergación de la fecha de examen. Es ahora o ahora.
La muerte es el punto culminante, más sublime y trascendental en la vida de una persona. Es el momento en que el alma en evolución se reunirá con su Padre o con su Creador, llevando el aprendizaje realizado, el fruto de su esfuerzo aquí, en la Tierra. Y resulta que, por miedo, ignorancia, olvido y superstición, arruinamos eses momento.
La muerte es un pasaje. Igual que el nacimiento. Uno es un pasaje de ida y el otro es un pasaje de vuelta. Hay una puerta de entrada y otra de salida. Y de las dos la más importante es la de la salida, porque es la hora de la verdad, la hora de rendir cuentas. La vida física es una escuela y  la muerte esel momento del examen final. Es el momento en el que  no podemos ni  mentir ni inventar lo que no aprendimos.  Es el momento en el que nos graduamos o somos reprobados  y enviados de vuelta a repetir la lección que no aprendimos.
La muerte no es ni un castigo ni una maldición. No hay vida y muerte. Sólo existe la vida y, la muerte, es el punto medio de una larga vida. Una vida  que en un momento transcurre en el plano de la esencia y, en otro momento, transcurre en el plano de la manifestación física.
Lo más difícil, para una persona que se está muriendo, no es la muerte, sino la soledad, la incomprensión de los otros que no entienden lo que está viviendo, y que la duerman, cuando necesita mantener su conciencia despierta.
No le hice la medicación. Al rato, llegó su médico. Le narré lo sucedido y entonces me dijo en forma tajante: “No dejes que te gane”. Ahí estaba el mandato. A mi pesar y el de mi abuela, que me miró resignadamente, encontré una vena en su brazo  y le efectué la medicación. Algunas horas después, mi abuela se fue. Tenía razón ella. ¿Para qué?
No somos el cuerpo. El cuerpo sólo es el instrumento que nos permite manifestarnos en el plano físico  y obrar directamente sobre la materia y, la muerte, es el abandono de ese instrumento cuando ya hemos cumplido con nuestro propósito, aquí en la Tierra.
Para un lama tibetano toda la vida es una preparación para la muerte. La práctica espiritual constante, la meditación cotidiana, no tiene otro fin que experimentar la naturaleza esencial del  espíritu para reconocerla en el instante de la muerte. De cómo moriremos dependerá nuestra evolución posterior. Es imprescindible estar conscientes en ese momento para poder perdonar, perdonarnos y desprendernos de todas las sensaciones, apegos, emociones y pensamientos que puedan arrastrarnos a un estado de existencia inferior. Ya hemos visto de qué manera los pensamientos y sensaciones, en el momento de la muerte, pueden programarnos para una vida de sufrimiento y dolor. Un lama procurará liberarse  de la necesidad de volver a encarnar. Esa liberación  también es posible  para cada uno de nosotros y, si no logramos, al menos tendremos la posibilidad de renacer en condiciones que nos permitan  desarrollarnos espiritualmente. De este modo, tal vez nos graduemos en la próxima en la próxima muerte y obtengamos el pasaporte definitivo para ese mundo de luz.
Pero no. No queríamos  que se fuera.  No queríamos aceptar que el momento había llegado y, entonces se fue como pudo.
Recuerdo cuando falleció mi abuela. Afortunadamente, murió en casa, en su propia cama. Yo estaba cursando el quinto año de la carrera de Medicina y fui el encargado de hacerle la medicación en sus últimas horas de vida entre nosotros. Su condición clínica había empeorado y su médico me había indicado lo que tenía que administrarle. Recuerdo que cargué la jeringa, y cuando le pedí a mi abuela que extendiera el brazo, se negó preguntándome: “¿Para qué?”
Se debe hacer todo lo posible para evitar y alejar la muerte de un individuo que tiene todavía, teóricamente, muchos meses o años para vivir. Pero si se sabe que la muerte es ineluctable, la actitud debe ser diferente. Cuando la vida ha terminado, se debe facilitar el pasaje al otro lado del río. Y es allí,  en ese punto, donde fallamos.  Nacidos y educados en la cultura de la negación y el miedo a la muerte, sólo vemos en ella una enfermedad más, un enemigo a derrotar, y no podemos aceptarla e integrarla como un hecho normal y cotidiano de nuestra vida. Nos falta familiaridad con la muerte. Necesitamos aceptarla como un hecho natural, como el resultado lógico de nuestra experiencia aquí, en la Tierra, para poder encontrar el punto de equilibrio que nos permita actuar con sabiduría y ecuanimidad.
Se me ocurren dos razones fundamentales. Olvido e ignorancia. El olvido nos sume en la ignorancia y, la ignorancia, nos lleva a la superstición, y la superstición, nos lleva a adjudicarle poder a cosas, creencias y personas que en realidad no tienen más poder que el que nosotros mismos le otorgamos.
Si nos cuesta tanto volver, si hasta nos enojamos y porfiamos con nuestros guías que nos aconsejan y nos rebelamos cuando llega el momento de nacer, ¿por qué entonces tanto miedo, tanto dolor, tanta tragedia, cuando llega el momento ansiado por el alma de regresar por fin  a los campos de la beatitud, al estado de gracia, a ese mundo de luz y de amor? ¿Qué nos ha pasado? ¿Dónde, en qué lugar, en qué momento, perdimos la conciencia  que teníamos de nuestro ser espiritual, de nuestra esencia, de nuestra verdadera condición de seres inmortales?
Todo podría ser distinto, si aceptásemos, emocionalmente, la realidad de la muerte. Si comprendiéramos que la muerte no es un enemigo a derrotar, sino que se trata  del momento culminante de nuestra vida. Es el cierre de la experiencia que se abrió con el nacimiento. Es necesario hacer de ese momento un ritual, un acto sagrado. Es necesario rodearlo del cuidado y del amor que implica un acto de esa naturaleza. Entonces, todo será mucho más glorioso y ya no veremos los despropósitos a los cuales el miedo y la tecnología no tienen acostumbrados.
Un médico con experiencia sabe en qué momento una enfermedad o una condición clínica determinada es irreversible. Sabe que a partir de ese instante, todo lo que haga será inútil y sólo conseguirá diferir lo que ya es inevitable. Pero en nuestra cultura, el moribundo es visto como un fracaso en el mandato que tienen los profesionales.
Verdad: en  griego, se dice aletheia. Recordarán que el Leteo era el río del olvido, y letheia significa “sueño” o  “letargia”. De modo que la palabra “verdad”, en griego, quiere decir: salir del olvido y del sueño. Y esto es lo que necesitamos.  Salir del olvido y del sueño en el que estamos sumidos y entrar en el despertar.
Vinimos a la vida física a aprender, a crecer y a evolucionar, para regresar más tarde enriquecidos con la experiencia adquirida. Pero resulta que en el afán  de hacer más cómoda y placentera nuestra estadía en la Tierra, nos hemos olvidado de la verdadera finalidad de nuestra presencia aquí. Nos hemos creído que éramos el cuerpo, cuando en realidad el cuerpo es la ropa que nos pusimos para ir a la escuela y, cuando llega el momento de partir, nos desgarramos las vestiduras por lo que creemos que vamos a perder, porque nos damos cuenta que perdimos el tiempo o porque no tenemos la conciencia muy tranquila.
___________________________________________
Extraído del Libro: EL VIAJE DEL ALMA, experiencias de la vida entre las vidas. Por el Dr. José Luis Cabouli

En línea recta no siempre es el camino correcto

«No podéis servir a Dios y a Mammon», dice Jesús en los Evangelios. Lo que significa que no podemos satisfacer a la vez las exigencias de la tierra y las del Cielo.
Para ser reconocidos por nuestros amigos celestiales, debemos renunciar, a menudo, a ser reconocidos por los humanos, es verdad, pero ¿qué importancia tiene eso?… ¿Cuántos años durará lo que ganáis con los humanos? Aunque os aprueben, os alaben, aunque seáis reconocidos por millones de personas, pronto todos abandonarán la tierra, y vosotros también y, entonces, ¿cómo os sentiréis cuando lleguéis al otro mundo? ¿Y cómo vais a sentiros ya, en esta vida, si sois privados de la benevolencia y del amor de las entidades luminosas?

Si os ponéis al servicio del Cielo, no esperéis que los humanos vengan a manifestaros su estima y su reconocimiento: ni siquiera saben lo que sucede en vosotros. Contentaos con trabajar. Cuando sintáis que este trabajo os llena de una vida nueva, ¿creéis que tendréis necesidad de que los demás vengan a aplaudiros y a felicitaros?
Dos personas que se encuentran por primera vez se sienten, al principio, extrañas una a la otra, sus vibraciones no se armonizan y les resulta difícil comprenderse. Pero pasa el tiempo, y a medida que hacen intercambios, empiezan a vibrar al unísono. No os extrañéis si os digo que esto mismo es lo que sucede con la comida: los alimentos que llegan a vuestra mesa vienen de más o menos lejos, pero, tanto si han venido de cerca como de lejos, son como desconocidos que invitáis a vuestra casa, a vuestro organismo, y antes de dejarles entrar, es deseable que empecéis por familiarizaros con ellos.
Cuando vayáis a comer una fruta, sostenedla durante unos instantes en vuestra mano dándole vuestro amor, vuestra gratitud. Esta fruta estará mucho mejor «dispuesta» hacia vosotros, porque habréis creado un lazo con ella. El alimento que tomamos cada día es algo más que una materia bruta, contiene elementos sutiles, imponderables. Pero sólo podremos extraer estos elementos sutiles si lo impregnamos con nuestro amor para que se abra a nosotros.
La línea recta es el camino más corto desde un punto a otro, esto es bien conocido. ¿Pero es aconsejable ir siempre en línea recta? Si queréis atravesar una ciudad, por ejemplo, difícilmente podréis hacerlo en línea recta sin chocar con edificios, coches o peatones; igualmente, en este inmenso territorio que es la vida, en donde se apretujan multitud de criaturas, raramente llegaréis a alcanzar directamente una meta sin chocar con intereses contrarios a los vuestros.
Es pues preferible, a veces, escoger la línea curva, es decir, no presentarse ante los demás diciendo inmediatamente: «Soy yo. Tengo proyectos, dejadme realizarlos.» A menudo es preferible tomar caminos desviados, que os llevan por lugares en los que no vais a encontrar obstáculos. Y como no todas las ocasiones son igualmente favorables, es mejor que esperéis también el mejor momento para pasar. Esto significa que, para realizar todos esos buenos proyectos, es mejor evitar imponernos inmediatamente, sino dar pruebas de psicología, de paciencia, de flexibilidad. Esto es seguir la línea curva.
Omraam Mikhaël Aïvanhov

Lo que cuesta atraer tu potencial al ahora.

Hay  muchos que se que desean iniciar un trabajo de transformación consigo mismos y que por distintas razones nunca tiene el tiempo, la iniciativa de empezar el compromiso y sobre todo el dinero para hacerlo. Y por tanto se encuentran así mismos dilatando indefinidamente sus cambios.
Mi deseo como ser humano es ayudar a todos y que todos desarrollen su prosperidad y salgan de situaciones difíciles y acaben con los ciclos de escasez en los que están metidos, así como crear conscientemente la vida que desean y permitirse esas nuevas experiencias.
Para ello es necesario permitirte una nueva envestidura que provenga directamente desde tu LUZ.
Esa nueva envestidura contiene la verdad sobre tu SER.
Una de esas verdades es que aquello que quieres ya existe .
Y que tu voluntad es la varita mágica que te lleva a percibir esto como cierto.

La voluntad te lleva a actuar desde la fe.
Y la fe a Crear Conscientemente tu realidad.
Aquí y ahora.
Atraer tu potencial al presente.
Si esto es lo que quieres en tu vida, también es bueno que seas consciente de lo que va costarte llegar hasta allí.
1. Tu niño interior tiene que abrirse a ese potencial.
2. Para conseguir que tu niño interior se abra vas a necesitar una estrecha asociación contigo mismo.
3. Esto supone un intenso trabajo de activar la luz en ti. Lo cual se traduce en un profundo trabajo de consciencia. Activación de tu ADN
4. Para ello necesitarás herramientas que te permitirán sortear el mayor obstáculo que es tu mente. Para que puedas bajar tu mente al corazón y anclar este a la tierra. Herramientas como la oración y la consciencia.
5. Las dos herramientas antes mencionadas son la base que te aporta lo que mas vas a necesitar y a desarrollar en tu proceso: fuerza y transformación.
6. La intención de todo el proceso era y es permitirte una nueva experiencia. para ello no puedes desenfocarte de tu liberación constante, el trabajo de consciencia constante te lleva a la ascensión de las viejas energías y de todo aquello que cargas contigo multidimensionalmente
Al sumergirte profundamente en este proceso te das cuenta de que lo quieres YA EXISTE.
Entras en un movimiento espiral de ascensión y anclaje de tu energía Divina en la tierra.
Te das cuenta de que es con amor en tu corazón como esa nueva experiencia se manifiesta ante ti.
Y todos tus proyectos y deseos se unifican en tu corazón, has aprendido a crear un puente entre tu corazón y la VIDA, desde aquí todo puede ser transformado.
Reconociendo la divinidad en tu interior. La joya que existe en el interior de cada uno de tus chacras, tus centros energéticos de creación, manifestación, amor… YO SOY LUZ DIVINA.
Ponte esa nueva vestidura, lánzate as vivir el proceso de transformación necesario, comprométete contigo mismo y date esa nueva experiencia que quieres vivir.
En luz y amor
Diana Arango
Autora del libro de próxima publicación:
Crear desde el SER: El propósito de tu vida.
Creadora del Método  y Escuela Online Crear Conscientemente