La tierra en su aspecto físico corresponde al tercer planeta del Sistema Solar, es el más denso de todos los hasta ahora conocidos y el quinto más grande del sistema. En él se contienen todos los demás elementos conocidos (agua, aire, fuego y éter) y es de cierta forma es el cuerpo que permite la existencia de todo lo demás.
La tierra sin duda es nuestro primer y último hogar, es en donde se desarrolla toda nuestra actividad física y quien se nos ofrenda en forma de alimento, techo, olores, colores, etc. Es importante notar que absolutamente todo lo que nos rodea proviene de la tierra, de sus frutos, árboles, metales, materiales y distintos elementos que solos o en su conjunto conforman nuevos componentes que facilitan nuestro andar por la vida.
Por lo anterior, es la tierra la que nos da el fundamento de nuestra existencia física y desde todo aspecto de la vida los seres humanos estamos relacionados con ella.
El elemento tierra en nosotros se encuentra representado por nuestro cuerpo físico: órganos, huesos, etc.
La tierra como planeta es el lugar en el que podemos encontrar toda la felicidad y tranquilidad que desde siempre ha residido en nosotros mismos. No podemos estar separados de aquello de lo que estamos conformados. Si miramos bien, al igual que la tierra, nuestro cuerpo contiene agua, fuego, aire y éter en distintas formas y manifestaciones, es decir, no somos distintos de este elemento y también lo contenemos dentro de nosotros mismos.
El cuerpo es el microcosmos del elemento tierra y una extensión del propio planeta en el cuál desarrollamos nuestra vida. Hemos de ser conscientes de que somos una creación más de la tierra y de ninguna forma estamos separados de ella. Nuestro funcionamiento es casi idéntico al del planeta; al igual que él respiramos, vibramos, experimentamos cambios y absorbemos todo aquello que llega a estar en contacto con nosotros.
Es a través del constante e ininterrumpido contacto físico que mantenemos con la tierra y/o alguno de sus elementos que nos podemos identificar con la protección, abundancia, compañía, inmensidad, solidez y estabilidad que día a día nos proporciona sin pedir absolutamente nada a cambio. A pesar de que el elemento tierra en nosotros corresponde a la parte más densa de nuestro ser, no deja de presentarse el amor puro e incondicional que no pide nada a cambio de lo que ofrenda.
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